Amor de don
Perlimplín
con Belisa
en su jardín
Aleluya
erótica en
cuatro
cuadros
(Versión de
cámara)
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Personajes
DON
PERLIMPLÍN
BELISA
MARCOLFA
MADRE DE
BELISA
DUENDE
PRIMERO
DUENDE
SEGUNDO
Cuadro
primero
Casa de
don
Perlimplín.
Paredes
verdes con
las sillas y
muebles
pintados en
negro. Al
fondo, un
balcón por
el que se
verá el
balcón de Belisa.
Perlimplín
viste casaca
verde y
peluca
blanca llena
de bucles.
Marcolfa,
criada, el
clásico
traje de
rayas.
PERLIMPLÍN.
¿Sí?
MARCOLFA.
Sí.
PERLIMPLÍN.
Pero ¿por
qué sí?
MARCOLFA.
Pues porque
sí.
PERLIMPLÍN.
¿Y si yo te
dijera que
no?
MARCOLFA.
(Agria.)
¿Que no?
PERLIMPLÍN.
No.
MARCOLFA.
Dígame,
señor mío,
las causas
de ese no.
PERLIMPLÍN.
(Pausa.)
Dime tú,
doméstica
perseverante,
las causas
de ese sí.
MARCOLFA.
Veinte y
veinte son
cuarenta...
PERLIMPLÍN.
(Escuchando.)
Adelante.
MARCOLFA. Y
diez
cincuenta.
PERLIMPLÍN.
Vamos.
MARCOLFA.
Con
cincuenta
años ya no
se es un
niño.
PERLIMPLÍN.
Claro.
MARCOLFA. Yo
me puedo
morir de un
momento a
otro.
PERLIMPLÍN.
¡Caramba!
MARCOLFA.
(Llorando.)
¿Y
qué será
de usted
sólo en este
mundo?
PERLIMPLÍN.
¿Qué sería?
MARCOLFA.
Por eso
tiene que
casarse.
PERLIMPLÍN.
(Distraído.)
¿Sí?
MARCOLFA.
(Enérgica.)
Sí.
PERLIMPLÍN.
(Angustiado.)
Pero
Marcolfa...
¿por qué sí?
Cuando yo
era niño una
mujer
estranguló a
su esposo.
Era
zapatero. No
se me
olvida.
Siempre he
pensado no
casarme. Yo
con mis
libros tengo
bastante.
¿De qué me
va a servir?
MARCOLFA. El
matrimonio
tiene
grandes
encantos, mi
señor. No es
lo que se ve
por fuera.
Está lleno
de cosas
ocultas.
Cosas que no
está bien
que sean
dichas por
una
servidora...
Ya se ve...
PERLIMPLÍN.
¿Qué?
MARCOLFA. Me
he puesto
colorada.
(Pausa. Se
oye un
piano.)
UNA VOZ.
(Dentro,
cantando.)
Amor, amor.
Entre mis
muslos
cerrados
nada como un
pez el sol.
Agua tibia
entre los
juncos,
amor.
¡Gallo, que
se va la
noche!
¡Que no se
vaya, no!
MARCOLFA.
Verá mi
señor la
razón que
tengo.
PERLIMPLÍN.
(Rascándose
la cabeza.)
Canta
bien.
MARCOLFA.
Ésa es la
mujer de mi
señor. La
blanca
Belisa.
PERLIMPLÍN.
Belisa...
Pero no
sería
mejor...
MARCOLFA.
No... venga
ahora mismo.
(Le coge
de la mano y
se acercan
al balcón.)
Diga
usted
Belisa...
PERLIMPLÍN.
Belisa...
MARCOLFA.
Más alto.
PERLIMPLÍN.
¡Belisa!...
(El balcón
de la casa
de en frente
se abre y
aparece
Belisa
resplandeciente
de
hermosura.
Está medio
desnuda.)
BELISA.
¿Qulén me
llama?
MARCOLFA.
(Escondiéndose
detrás de la
cortina del
balcón.)
Conteste.
PERLIMPLÍN.
(Temblando.)
La
llamaba yo.
BELISA. ¿Sí?
PERLIMPLÍN.
Sí.
BELISA. Pero
¿por qué sí?
PERLIMPLíN.
Pues porque
sí.
BELISA. ¿Y
si yo le
dijese que
no?
PERLIMPLíN.
Lo
sentiría...
porque...
hemos
decidido que
me quiero
casar.
BELISA.
(Ríe.)
¿Con quién?
PERLIMPLíN.
Con usted...
BELISA.
(Seria.)
Pero...
(A voces.)
Mamá,
mamá,
mamaíta.
MARCOLFA.
Esto va
bien.
(Sale la
Madre con
una gran
peluca
dieciochesca
llena de
pájaros,
cintas y
abalorios.)
BELISA. Don
Perlimplín
se quiere
casar
conmigo.
¿Qué hago?
MADRE.
Buenísimas
tardes,
encantador
vecinito
mío.
Siempre
dije a mi
pobre hija
que tiene
usted la
gracia y
modales de
aquella gran
señora que
fue su madre
y a la cual
no tuve la
dicha de
conocer.
PERLIMPLÍN.
¡Gracias!...
MARCOLFA.
(Furiosa, en
la cortina.)
¡He
decidido
que...!
¡Vamos!
PERLIMPLÍN.
Hemos
decidido que
vamos...
MADRE. A
contraer
matrimonlo,
¿no es así?
PERLIMPLÍN.
Así es.
BELISA. Pero
mamá... ¿Y
yo?
MADRE. Tú
estás
conforme,
naturalmente.
Don
Perlimplín
es un
encantador
marido.
PERLIMPLÍN.
Espero
serlo,
señora.
MARCOLFA.
(Llamando a
don
Perlimplín.)
Esto
está casi
terminado.
PERLIMPLÍN.
¿Crees tú?
(Hablan.)
MADRE. (A
Belisa.)
Don
Perlimplín
tiene muchas
tierras. En
las tierras
hay muchos
gansos y
ovejas. Las
ovejas se
llevan al
mercado. En
el mercado
dan dineros
por ellas.
Los dineros
dan la
hermosura...
Y la
hermosura es
codiciada
por los
demás
hombres.
PERLIMPLÍN.
Entonces...
MADRE.
Emocionadísima...
Belisa...
vete
dentro... no
está bien
que una
doncella
oiga ciertas
conversaciones.
BELISA.
Hasta
luego...
(Se va.)
MADRE. Es
una
azucena...
Ve usted su
cara.
(Bajando la
voz.)
Pues si la
viese por
dentro...
¡Como de
azúcar!...
Pero...
¡perdón! No
he de
ponderar
estas cosas
a persona
tan moderna
y
competentísima
como
usted...
PERLIMPLÍN.
¿Sí?
MADRE. Sí...
lo he dicho
sin ironía.
PERLIMPLÍN.
No sé cómo
expresarle
nuestro
agradecimiento...
MADRE.
¡Oh!...
nuestro
agradecimiento...
qué
delicadeza
tan
extraordinaria.
El
agradecimiento
de su
corazón y el
de usted
mismo... Lo
he
entendido...
lo he
entendido...
A pesar que
hace veinte
años que no
trato a un
hombre.
MARCOLFA. La
boda...
PERLIMPLÍN.
La boda...
MADRE. En
cuanto
quiera...
aunque...
(Saca un
pañuelo y
llora.)
A todas las
madres...
Hasta
luego...
(Se va.)
MARCOLFA.
¡Por fin!
PERLIMPLÍN.
¡Ay
Marcolfa,
Marcolfa, en
qué mundo me
vas a meter!
MARCOLFA. En
el mundo del
matrimonio.
PERLIMPLÍN.
Y si te soy
franco,
siento una
sed... ¿Por
qué no me
traes agua?
(Marcolfa
se le acerca
y le da un
recado al
oído.)
PERLIMPLÍN.
¿Quién lo
puede creer?
(Se oye el
piano. El
teatro queda
en penumbra.
Belisa
descorre las
cortinas de
su balcón.
Se ve a
Belisa casi
desnuda
cantando
lánguidamente.)
VOZ DE
BELISA.
¡Amor!
¡Amor!
Entre mis
muslos
cerrados
nada como un
pez el sol.
MARCOLFA.
¡Hermosa
doncella!
PERLIMPLÍN.
¡Como de
azúcar!...
blanca por
dentro.
¿Será capaz
de
estrangularme?
MARCOLFA. La
mujer es
débil si se
la asusta a
tiempo.
VOZ DE
BELISA.
¡Amor!
¡Gallo que
se va la
noche!
Que no se
vaya, no.
PERLIMPLN.
¿Qué dice
Marcolfa?
¿Qué dice?
(Marcolfa
ríe.) Y
qué es esto
que me
pasa?...
¿Qué es
esto?
(Sigue
sonando el
piano. Por
el balcón
pasa una
bandada de
pájaros de
papel
negro.)
Cuadro
segundo
Sala de
don
Perlimplín.
En el centro
hay una gran
cama con
dosel y
penachos de
plumas. En
las paredes
hay seis
puertas. La
primera de
la derecha
sirve de
entrada y
salida a don
Perlimplín.
Es la
primera
noche de
casados.
(Marcolfa,
con un
candelabro,
en la puerta
primera de
la
izquierda.)
MARCOLFA.
Buenas
noches.
VOZ DE
BELISA.
Adiós,
Marcolfa.
(Sale
Perlimplín
vestido
magníficamente.)
MARCOLFA.
Buena noche
de boda
tenga mi
señor.
PERLINIPLÍN.
Adiós,
Marcolfa.
(Sale
Marcolfa.
Perlimplín
se dirige de
puntillas a
la
habitación
de enfrente
y mira desde
la puerta.)
Belisa...
con tantos
encajes
pareces una
ola y me das
el mismo
miedo que de
niño tuve al
mar. Desde
que tú
viniste de
la iglesia
está mi casa
llena de
rumores
secretos y
el agua se
entibia ella
sola en los
vasos...
¡Ay!...
Perlimplín...
¿dónde
estás,
Perlimplín?
(Sale de
puntillas.)
(Aparece
Belisa
vestida con
un gran
traje de
dormir lleno
de encajes.
Una cofia
inmensa le
cubre la
cabeza y
lanza una
cascada de
puntillas y entredoses
hasta sus
pies. Lleva
el pelo
suelto y los
brazos
desnudos.)
BELISA. La
criada
perfumó esta
habitación
con tomillo
y no con
menta como
yo le
indiqué...
(Va hacia
el lecho.)
Ni puso
a la cama
las finas
ropas de
hilo que
tiene.
Marcolfa...
(En este
momento
suena una
música suave
de
guitarras.
Belisa
cruza las
manos sobre
el pecho.)
¡Ay! El
que me
busque con
ardor me
encontrará.
Mi sed no se
apaga nunca,
como nunca
se apaga la
sed de los
mascarones
que echan el
agua en las
fuentes.
(Sigue la
música.)
¡Ay qué
música, Dios
mío! ¡Qué
música! Como
el plumón
caliente de
los
cisnes...
¡Ay! Pero,
¿soy yo?, ¿o
es la
música?
(Se echa
sobre los
hombros una
gran capa de
terciopelo
rojo y pasea
por la
escena.
Calla la
música y se
oyen cinco
silbidos.)
BELISA. Son
cinco.
(Aparece
Perlimplín.)
PERLIMPLÍN.
¿Te molesto?
BELISA.
¿Cómo es
posible?
PERLIMPLÍN.
¿Tienes
sueño?
BELISA.
(Irónica.)
¿Sueño?
PERLIMPLÍN.
La noche se
ha puesto un
poco fría.
(Se frota
las manos.)
(Pausa.)
BELISA.
(Decidida.)
Perlimplín.
PERLIMPLÍN.
(Temblando.)
¿Qué
quieres?
BELISA.
(Vaga.)
Es un bonito
nombre,
Perlimplín.
PERLIMPLÍN.
Más bonito
es el tuyo,
Belisa.
BELISA.
(Riendo.)
¡Oh!
¡Gracias!
(Pausa
corta.)
PERLIMPLÍN.
Yo quería
decirte una
cosa.
BELISA. ¿Y
es?
PERLIMPLÍN.
He tardado
en
decidirme...
Pero...
BELISA. Di.
PERLIMPLÍN.
Belisa...
¡yo
te amo!
BELISA. ¡Oh,
caballerito!...
es ésa tu
obligación.
PERLIMPLÍN.
¿Sí?
BELISA. Sí.
PERLIMPLÍN.
Pero ¿por
qué sí?
BELISA.
(Mimosa.)
Pues
porque sí.
PERLIMPLÍN.
No.
BELISA.
¡Perlimplín...!
PERLIMPLÍN.
No, Belisa.
Antes de
casarme
contigo yo
no te
quería.
BELISA.
(Guasona.)
¿Qué
dices?
PERLIMPLÍN.
Me casé...
¡por lo que
fuera!, pero
no te
quería. Yo
no había
podido
imaginarme
tu cuerpo
hasta que lo
vi por el
ojo de la
cerradura
cuando te
vestían de
novia. Y
entonces
fue cuando
sentí el
amor,
¡entonces!,
como un
hondo corte
de lanceta
en mi
garganta.
BELISA.
(Intrigada.)
Pero ¿y
las otras
mujeres?
PERLIMPLÍN.
¿Qué
mujeres?
BELISA. Las
que tú
conociste
antes.
PERLIMPLÍN.
Pero ¿hay
otras
mujeres?
BELISA.
(Levantándose.)
¡Me
estás
asombrando!
PERLIMPLÍN.
El primer
asombrado
soy yo.
(Pausa. Se
oyen los
cinco
silbidos.)
¿Qué es
eso?
BELISA. El
reloj.
PERLIMPLÍN.
¿Son las
Cinco?
BELISA. Hora
de dormir.
PERLIMPLÍN.
¿Me das
permiso para
quitarme la
casaca?
BELISA.
Desde luego
(Bostezando.),
maridito. Y
apaga la luz
si te place.
PERLIMPLÍN.
(Apaga la
luz. En voz
baja.)
Belisa.
BELISA.
(En voz
alta.)
¿Qué,
hijito?
PERLIMPLÍN.
(En
voz
baja.)
He apagado
lá luz.
BELISA.
(Guasona.)
Ya lo
Veo.
PERLIMPLÍN.
(En voz
mucho más
baja.)
Belisa...
BELISA.
(En voz más
alta.)
¿Qué?,
¿encanto?
PERLIMPLÍN.
¡Te adoro!
(Dos Duendes
saliendo por
lados
opuestos del
escenario
corren una
cortina de
tonos
grises.
Queda el
teatro en
penumbra,
con dulce
tono de
sueño.
Suenan
flautas.
Deben ser
dos niños.
Se sientan
en la concha
del
apuntador
cara al
público.)
DUENDE 1.°
¿Cómo te va
por lo
oscurillo?
DUENDE 2.°
Ni bien ni
mal,
compadrillo.
DUENDE 1.°
Ya estamos.
DUENDE 2.° Y
qué te
parece.
Siempre es
bonito tapar
las faltas
ajenas.
DUENDE 1.° Y
que luego el
público se
encarge de
destaparlas.
DUENDE 2.°
Porque si
las cosas no
se cubren
con toda
clase de
preocupaciónes...
DUENDE 1.°
No se
descubren
nunca.
DUENDE 2.° Y
sin este
tapar y
destapar...
DUENDE 1.°
¡Qué sería
de las
pobres
gentes!
DUENDE 2.°
(Mirando
la cortina.)
¡Que no
quede ni una
rendija!
DUENDE 1.°
Que las
rendijas de
ahora son
oscuridad
mañana.
(Ríen.)
DUENDE 2.°
Cuando las
cosas están
claras...
DUENDE 1.°
El hombre se
figura que
no tiene
necesidad de
descubrirlas.
DUENDE 2.° Y
se van a las
cosas
turbias para
descubrir en
ellas
secretos que
ya sabía.
DUENDE 1.°
Pero para
eso estamos
nosotros
aquí. ¡Los
duendes!
DUENDE 2.°
¿Tú conocías
a
Perlimplín?
DUENDE 1.°
Desde niño.
DUENDE 2.°
¿Y a Belisa?
DUENDE 1.°
Mucho. Su
habitación
exhalaba un
perfume tan
intenso, que
una vez me
quedé
dormido y
desperté
entre las
garras de
sus gatos.
(Ríen.)
DUENDE 2.°
Este asunto
estaba...
DUENDE 1.°
¡Clarísimo!
DUENDE 2.°
Todo el
mundo se lo
imaginaba.
DUENDE 1.° Y
el
comentario
huiría hacia
medios más
misteriosos.
DUENDE 2.°
¡Por eso!
Que no se
descorra
todavía
nuestra
eficaz y
socialísima
pantalla.
DUENDE 1.°
¡No, que no
se enteren!
DUENDE 2.°
El alma de
Perlimplín,
chica y
asustada
como un
patito
recién
nacido, se
enriquece y
sublima en
estos
instantes...
(Ríen.)
DUENDE 1° El
público está
impaciente.
DUENDE 2.° Y
tiene razón.
¿Vamos?
DUENDE 1.°
Vamos. Ya
siento un
dulce
fresquillo
por mis
espaldas.
DUENDE 2.°
Cinco frías
camelias de
madrugada se
han abierto
en las
paredes de
la alcoba.
DUENDE 1.°
Cinco
balcones
sobre la
ciudad.
(Se levantan
y se echan
unas grandes
capuchas
azules.)
DUENDE 2.°
Don
Perlimplín.
¿Te hacemos
un mal o un
bien?
DUENDE 1.°
Un bien...
porque no es
justo poner
ante las
miradas del
público el
infortunio
de un hombre
bueno.
DUENDE 2.°
Es verdad,
compadrillo:
que no es lo
mismo decir
«yo he
visto» que
«se dice».
DUENDE 1.°
Mañana lo
sabrá toda
la gente.
DUENDE 2.° Y
es lo que
deseamos.
DUENDE 1.°
Comentario
quiere decir
mundo.
DUENDE 2.°
Chist...
(Empiezan
a sonar las
flautas.)
DUENDE 1°
Chist...
DUENDE 2.°
¿Vámonos por
el oscurillo
?
DUENDE 1.°
Vámonos ya,
compadrillo.
DUENDE 2.°
¿Yá?
DUENDE 1.°
¡Ya!
(Corren la
cortina.
Aparece don
Perlimplín
en la cama
[con unos
grandes
cuernos de
ciervo en la
cabeza].
Belisa a su
lado. Los
cinco
balcones
del fondo
están
abiertos de
par en par.
Por ellos
entra la luz
Blanca de la
madrugada.)
PERLIMPLÍN.
(Despertando.)
Belisa,
Belisa.
¡Contesta!
BELISA.
(Fingiendo
que
despierta.)
Perlimplinito.
¿Qué
quieres?
PERLIMPLÍN.
¡Dime
pronto!
BELISA. ¿Qué
te voy a
decir? ¡Yo
quedé
dormida
mucho antes
que tú!
PERLIMPLÍN.
(Se echa
de la cama.
Va vestido
con casaca.)
¿Por qué
están los
balcones
abiertos?
BELISA.
Porque esta
noche ha
corrido el
aire como
nunca.
PERLIMPLÍN.
¿Por qué
tienen los
balcones
cinco
escalas que
llegan al
suelo?
BELISA.
Porque así
es la
costumbre en
el país de
mi madre.
PERLIMPLÍN.
Y ¿de
quiénes son
aquellos
cinco
sombreros
que veo
debajo de
los
balcones?
BELISA.
(Saltando de
la cama en
espléndida
toilette.)
De los
borrachitos
que van y
vienen,
Perlimplinillo,
¡amor!
PERLIMPLÍN.
(Mirándola y
quedándose
embobado.)
¡Belisa!
¡Belisa! ¿Y
por qué no?
Todo lo
explicas
bien. Estoy
conforme.
¿Por qué no
ha de ser
así?
BELISA.
(Mimosa.)
No soy
mentirosilla.
PERLIMPLÍN.
Y yo cada
minuto te
quiero más.
BELISA. Así
me gusta.
PERLIMPLÍN.
¡Por primera
vez en mi
vida estoy
contento!
(Se acerca y
la abraza,
pero en ese
instante se
retira
bruscamente
de ella.)
Belisa.
¿Quién te ha
besado? ¡No
mientas, que
lo sé!
BELISA.
(Cogiéndose
el pelo y
echándolo
por
delante.)
¡Ya lo
creo que lo
sabes! ¡Qué
maridito tan
bromista
tengo!
(En voz
baja.)
¡Tú! ¡Tú me
has besado!
PERLIMPLÍN.
¡Sí! Yo te
he besado...
¿pero y si
te hubiese
besado
alguien
más...? Si
te hubiese
besado
alguien
más... ¿tú
me quieres?
BELISA.
(Levantando
un brazo
desnudo.)
Sí,
Perlimplín
chiquitito.
PERLIMPLÍN.
Entonces...
¿qué me
importa?...
(Se
dirige a
ella y la
abraza.)
¿Eres
Belisa?...
BELISA.
(Mimosa y en
voz baja.)
¡Sí!,
¡sí!, ¡sí!,
¡sí!
PERLIMPLÍN.
¡Casi me
parece un
sueño!
BELISA.
(Reaccionando.)
Mira,
Perlimplín,
cierra los
balcones,
que antes de
nada se
levantará la
gente...
PERLIMPLÍN.
¿Para qué?
Como los dos
hemos
dormido lo
bastante
veremos el
amanecer...
¿No te
gusta?
BELISA. Sí,
pero...
(Se sienta
en la cama.)
PERLIMPLÍN.
Nunca había
visto la
salida del
sol...
(Belisa,
rendida, cae
sobre las
almohadas.)
Es un
espectáculo
que...
parece
mentira...
¡me
conmueve!...
¿Y a ti?,
¿no te
gusta?
(Se dirige
hacia el
lecho.)
Belisa,
¿estás
dormida?
BELISA.
(Entre
sueños.)
Sí.
(Perlimplín,
de
puntillas,
la cubre con
un manto.
Una luz
intensa y
dorada entra
por los
balcones.
Bandadas de
pájaros de
papel los
cruzan entre
el sonido de
las
campanas
matinales.
Perlimplín
se ha
sentado al
borde de la
cama.)
PERLIMPLÍN.
Amor, amor
que estoy
herido.
Herido de
amor huido,
herido,
muerto de
amor.
Decid a
todos que ha
sido
el ruiseñor.
Bisturí de
cuatro
filos,
garganta
rota y
olvido.
Cógeme la
mano, amor,
que vengo
muy mal
herido,
herido de
amor huido,
¡herido!
¡Muerto de
amor!
Telón
Cuadro
tercero
Comedor de
Perlimplín.
Las
perspectivas
están
equivocadas
deliciosamente.
La mesa con
todos los
objetos
pintados
como en una
«Cena»
primitiva.
PERLIMPLÍN.
¿Lo harás
como te
digo?
MARCOLFA.
(Llorando.)
Descuide
el señor.
PERLIMPLÍN.
Marcolfa,
¿por qué
sigues
llorando?
MARCOLFA.
Por lo que
sabe su
merced. La
noche de
boda
entraron
cinco
personas por
los
balcones.
Cinco.
Representantes
de las cinco
razas de la
tierra. El
europeo con
su barba, el
indio, el
negro, el
amarillo y
el
norteamericano.
Y usted sin
enterarse...
PERLIMPLÍN.
Eso no tiene
importancia...
MARCOLFA.
Figúrese.
Ayer la vi
con otro.
PERLIMPLfN.
(Intrigado.)
¿Cómo?
MARCOLFA. Y
no se ocultó
de mí.
PERLIMPLÍN.
Pero yo soy
feliz,
Marcolfa.
MARCOLFA. Me
deja
asombrada el
señor.
PERLIMPLÍN.
Feliz como
no tienes
idea. He
aprendido
muchas
cosas y,
sobre todo,
puedo
imaginarlas...
MARCOLFA. Mi
señor la
quiere
demasiado.
PERLIMPLÍN.
No tanto
como ella
merece.
MARCOLFA.
Aquí llega.
PERLIMPLÍN.
Vete.
(Se va
Marcolfa y
Perlimplín
se oculta en
un rincón.
Entra
Belisa.)
BELISA.
Tampoco he
conseguido
verlo. En mi
paseo por la
alameda
venían todos
detrás menos
él. Debe
tener la
piel morena
y sus besos
deben
perfumar y
escocer al
mismo tiempo
como el
azafrán y el
clavo. A
veces pasa
por debajo
de mis
balcones y
mece su mano
lentamente
en un saludo
que hace
temblar mis
pechos.
PERLIMPLÍN.
¡Ejem!
BELISA.
(Volviéndose.)
¡Oh!
¡Qué susto
me has dado!
PERLIMPLÍN.
(Acercándose
cariñoso.)
Observo
que hablas
sola.
BELISA.
(Fastidiada.)
¡Quita!
PERLIMPLÍN.
¿Quieres que
demos un
paseo?
BELISA. No.
PERLIMPLÍN.
¿Quieres que
vayamos a la
confitería?
BELISA. ¡He
dicho que
no!
PERLIMPLÍN.
Perdona.
(Una piedra
en la que
hay una
carta
arrollada
cae por el
balcón.
Perlimplín
la recoge.)
BELISA.
(Furiosa.)
¡Dame!
PERLIMPLÍN.
¿Por qué?
BELISA.
¡Porque eso
era para mí!
PERLIMPLÍN.
(Burlón.)
¿Quién
te lo ha
dicho?
BELISA.
¡Perlimplín!
¡No la leas!
PERLIMPLÍN.
(Poniéndose
fuerte en
broma.)
¿Qué quieres
decir?
BELISA.
(Llorando.)
¡Dame
esa carta!
PERLIMPLÍN.
(Acercándose.)
¡Pobre
Belisa!
Porque
comprendo
tu estado de
ánimo te
entrego este
papel que
tanto
supone para
ti...
(Belisa coge
el papel y
lo guarda en
el pecho.)
Yo me
doy cuenta
de las
cosas. Y
aunque me
hieren
profundamente
comprendo
que vives un
drama.
BELISA.
(Tierna.)
¡Perlimplín!...
PERLIMPLÍN.
Yo sé que tú
me eres fiel
y lo sigues
siendo.
BELISA.
(Gachona.)
No
conocí más
hombre que
mi
Perlimplinillo.
PERLIMPLÍN.
Por eso
quiero
ayudarte
como debe
hacer todo
buen marido
cuando su
esposa es un
dechado de
virtud |