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federico

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lorca11

 

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Cantares populares

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Las tres hojas
Los cuatro muleros
El café de Chinitas
Los pelegrinitos
Sevillanas del siglo XVIII
Las morillas de Jaén
Anda jaleo
Los mozos de Monleón
Nana de Sevilla
Los reyes de la baraja
La Tarara
Zorongo
Romance de don Boyso











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Las tres hojas

Debajo de la hoja
de la verbena
tengo a mi amante malo:
¡Jesús, que pena!

Debajo de la hoja
de la lechuga
tengo a mi amante malo
con calentura.

Debajo de la hoja
del perejil
tengo a mi amante malo
y no puedo ir.











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Los cuatro muleros

De los cuatro muleros,
que van al campo,
el de la mula torda,
moreno y alto.

De los cuatro muleros,
que van al agua,
el de la mula torda,
me roba el alma.

De los cuatro muleros,
que van al río,
el de la mula torda,
es mi marío.

A qué buscas la lumbre
la calle arriba
si de tu cara sale
la brasa viva.

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El café de Chinitas

En el café de Chinitas
dijo a Paquiro un hermano:
"Soy más valiente que tú
más torero y mas gitano."

En el café de Chinitas
dijo a Paquiro un Frascuelo:
"Soy más valiente que tú
más gitano y mas torero."

Sacó Paquiro el reló
y dijo de esta manera:
"Este toro ha de morir
antes de las cuatro y media."

Al dar las cuatro en la calle
se salieron del café
y era Paquiro en la calle
un torero de cartel.

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Los pelegrinitos

Hacia Roma caminan
dos pelegrinos,
a que los case el Papa,
porque son primos.

Sombrerito de hule
lleva el mozuelo,
y la pelegrinita,
de terciopelo.

Al pasar por el puente
de la Victoria,
tropezó la madrina,
cayó la novia.

Han llegado a palacio,
suben arriba,
y en la sala del Papa
los desaniman.

Le ha preguntado el Papa
como se llaman.
Él le dice que Pedro
y ella que Ana.

Le ha preguntado el Papa
que qué edad tienen.
Ella dice que quince
y él diecisiete.

Le ha preguntado el Papa
de dónde eran.
Ella dice de Cabra
y él de Antequera.

Le ha preguntado el Papa
que si han pecado.
Él le dice que un beso,
que le había dado.

Y la pelegrinita
que es vergonzosa,
se le ha puesto la cara
como una rosa.

Y ha respondido el Papa
desde su cuarto:
¡Quién fuera pelegrino
para otro tanto!

Las campanas de Roma
ya repicaron,
porque los pelegrinos
ya se casaron.

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Sevillanas del siglo XVIII

¡Viva Sevilla!
Llevan las sevillanas
en la mantilla
un letrero que dice:
¡Viva Sevilla!

¡Viva Triana!
¡Vivan los trianeros,
los de Triana!
¡Vivan los sevillanos
y sevillanas!

Lo traigo andado.
La Macarena y todo
lo traigo andado.

Lo traigo andado;
cara como la tuya
no la he encontrado.
La Macarena y todo
lo traigo andado.

Ay, rio de Sevilla,
qué bien pareces
lleno de velas blancas
y ramas verdes.

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Las morillas de Jaén

Canción popular
del siglo XV


Tres moricas me enamoran
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Tres moricas tan garridas
iban a coger olivas,
y hallábanlas cogidas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas
y tornaban desmaídas
y las colores perdídas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Tres moricas tan lozanas,
iban a coger manzanas
hallábanlas tomadas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Díjeles: ¿Quién sois, señoras,
de mi vida robadoras?
Cristianas, que éramos moras
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

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Anda jaleo

Yo me subí a un pino verde
por ver si la divisaba,
y sólo divisé el polvo
del coche que la llevaba.

Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y ahora empieza el tiroteo.


En la calle de los muros
mataron a una paloma.
Yo cortaré con mis manos
las flores de su corona.

Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y ahora empieza el tiroteo.


No salgas, paloma, al campo,
mira que soy cazador,
y si te tiro y te mato
para mi será el dolor,
para mi será el quebranto.

Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y ahora empieza el tiroteo.

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Los mozos de Monleón

(Ledesma, cancionero salmantino)

Los mozos de Monleón
se fueron a arar temprano,
para ir a la corrida,
y remudar con despacio,
Al hijo de la  viuda,
el remudo no le han dado,
—Al toro tengo que ir
aunque vaya de prestado,

—Permita Dios, si lo encuentras,
que te traigan en un carro,
las albarcas y el sombrero
de los siniestros colgando.
Se cogen los garrochones,
se van las navas abajo,
preguntando por el toro,
y el toro ya está encerrado.
En el medio del camino,
al vaquero preguntaron,
—¿ Qué tiempo tiene este toro?
—El toro tiene ocho años.
Muchacos, no entréis a él;
mirar que el toro es muy malo.
que la leche que mamó
se la di yo por mi mano.

Se presentan en la plaza
cuatro mozos muy gallardos,
Manuel Sánchez llamó al toro;
nunca lo hubiera llamado,
por el pico de una albarca
toda la plaza arrastrando;
Cuando el toro lo dejó,
ya lo ha dejado sangrando,
—Compañeros, yo me muero;
amigos, yo estoy muy malo;
tres pañuelos tengo dentro
y este que meto son cuatro.
—Que llamen al confesor,
para que venga a auxiliarlo.

No se pudo confesar,
porque estaba ya expirando.
Al rico de Moleón
le piden los bueis y el carro,
pa llevar a Manuel Sánchez,
que el torito le ha matado.
A la puerta de la  viuda
arrecularon el carro,
—Aquí tenéis, vuestro hijo
como lo habéis demandado.

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Nana de Sevilla

Este galagaguito
no tiene mare.
lo parió una serrana,
lo echó a la calle.
No tiene mare, sí;
no tiene mare, no;
no tiene mare,
lo echó a la calle.

Este niño chiquito
no tiene cuna.
Su padre es carpintero
y le hará una











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Los reyes de la baraja

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto

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La Tarara

La Tarara sí;
la Tarara, no;
La Tarara, niña,
que la he visto yo.

Lleva mi Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.

La Tarara sí;
la Tarara, no;
La Tarara niña,
que la he visto yo.

Luce mi Tarara
su color de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena.

Ay, Tarara loca.
Mueve la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.

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Zorongo

Las manos de mi cariño
te están bordando una capa
con agremán de alhelíes
y con esclavina de agua.
Cuando fuiste novio mío,
por la primavera blanca,
los cascos de tu caballo
cuatro sollozos de plata.
La luna es un pozo chico,
las flores no valen nada,
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.

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Romance de
don Boyso

Camina don Boyso
mañanita fría
a tierra de moros
a buscar amiga.
Hallóla lavando
en la fuente fría:
—¿Qué haces ahí, mora,
hija de judía?
Deja mi caballo
beber agua fría.
—Reviente el caballo
y quien lo traía,
que yo no soy mora
ni hija de judía.
Soy una cristiana
que aquí estoy cautiva.
—Si fueras cristiana
yo te llevaría,
en paños de seda
yo te envolvería;
pero si eres mora,
yo te dejaría.

Montóla a caballo
por ver que decía;
en las siete leguas
no hablará la niña.
Al pasar un campo
de verdes olivas
por aquellos prados
qué llantos hacía.
—¡Ay prados! ¡Ay prados!
prados de mi vida.
Cuando el rey mi padre
plantó aquí esta oliva,
él se la plantara,
yo se la tenía,
la reina mi madre
la seda torcía,
mi hermano don Boyso
los toros corría.
—¿Y cómo te llamas?
—Yo soy Rosalinda,
que así me pusieron
porque al ser nacida
una linda rosa
n´el pecho tenía.
—Pués tú, por las señas
mi hermana serías.
Ábra la mi madre
puertas de alegría,
por traerla nuera
le traigo a su hija.

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