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El estreno de "La Zapatera Prodigiosa"

se dará mañana a conocer en el teatro "Avenida"



García Lorca nos anticipa el contenido de su obra.

Mañana se dará a conocer en el Avenida "La Zapatera Prodigiosa", farsa lírica en dos partes, de Federico García Lorca. Su anuncio ha despertado la expectativa justificada por el interés del aplaudido autor de "Bodas de Sangre". Como anticipo de su próximo estreno, García Lorca nos ha escrito las siguientes declaraciones previas:


—Deseo que las declaraciones que yo haga al público argentino sobre mi obra sean por intermedio de La Nación. para ello he escrito las que van a leerse y son las que revelan el contenido exacto de mi pensamiento y el fondo y el detalle de mi obra. Me mueve a hacerlo así, no solo la importancia del periódico que me abre sus columnas, sino mi condición de colaborador y viejo amigo de este diario. Así pues, por intermedio de La Nación, tendrá el público argentino, verdaderamente, el anticipo de lo que me he propuesto realizar en "La Zapatera Prodigiosa".

Escribí "La Zapatera Prodigiosa" el año 1926, poco después de terminar "Mariana Pineda" y no se estrenó hasta el 1930 por la compañía de Margarita Xirgú. Pero la obra que yo monté en el Teatro Español fue una versión de cámara, donde esta farsa adquiría una mayor intimidad, pero perdía todas sus perspectivas rítmicas.

En realidad su verdadero estreno es en Buenos Aires, ligado con las canciones del XVIII y XIX y bailada por la gracia extraordinaria de Lola Membrives con el apoyo de su compañía.

La Zapatera Prodigiosa es una farsa simple, de puro tono clásico, donde se describe un espíritu de mujer, como son todas las mujeres y se hace, al mismo tiempo y de manera tierna, un apólogo del alma humana.

Así, pues, la Zapaterita es un topo y un arquetipo a la vez; es una criatura primaria y es un mito de nuestra pura ilusión insatisfecha.

Era el verano de 1926. Yo estaba en la ciudad de Granada rodeado de negras higueras, de espigas, de pequeñas coronitas de agua: era dueño de una caja de alegría, íntimo amigo de las rosas, y quise poner el ejemplo dramático de un modo sencillo, ilusionado, con frescos tonos lo que podía tener fantasmas desilusionados.

Las cartas inquietas que recibía de mis amigos de París en hermosa y amarga lucha con un arte abstracto me llevaron a componer, por reacción, esta fábula casi vulgar con realidad directa, donde yo quise que fluyera un invisible hilo de poesía y donde el grito cómico y el humor se levantan, claros y sin trampas, en los primeros términos.

Yo quise expresar en mi Zapatera, dentro de los límites de la farsa común, sin echar mano a elementos poéticos que estaban a mi alcance, la lucha de la realidad con la fantasía (entendiendo por fantasía todo lo que es irrealizable) que existe en el fondo de la criatura.

La Zapatera lucha constantemente con ideas y objetos reales que vive en su mundo propio, donde cada idea y cada objeto tienen un sentido misterioso que ella misma ignora. No ha vivido nunca ni ha tenido novios nunca más que en la otra orilla, donde no puede ni podrá nunca llegar.

Los demás personajes le sirven en su juego escénico sin tener más importancia de lo que la anécdota y el ritmo del teatro requiere. No hay más personaje que ella y la masa del pueblo que la circunda con un cinturón de espinas y carcajadas.

El dato más característico de la Zapaterilla loca es que no tiene más amistad que la de una niña pequeña, compendio de ternura y símbolo de las cosas que están en semilla y tienen todavía muy lejana su voluntad de flor. Lo más característico de esta simple farsa es el ritmo de la escena, ligado y vivo, y la intervención de la música, que me sirve para desrealizar la escena y quitar a la gente la idea de que "aquello está pasando de veras", así como también para elevar el plano poético con el mismo sentido con que lo hacían nuestros clásicos.

El lenguaje es popular, hablado en castellano, pero de vocablos y sintaxis andaluzas, permitiéndome a veces, como cuando predica el zapatero, una leve caricatura cervantina.

La obra tiene un romance hecho a la manera de los viejos romancistas de cartel, y también compuse las letras de las canciones para que me sirvieran en el hilo de la fábula.

Así, pues, en un momento, cuando la realidad del pueblo canta:

Ya la corteja el alcalde
ya la corteja Don Mirlo.
Zapatera zapatera
zapatera te has lucido.

Ella en su sueño puro responde:

Cuando fuiste novio mío
por la primavera blanca,
los cascos de tu caballo
cuatro sollozos de plata.

30 de noviembre, 1933.

 

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