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federico

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lorca11

 

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La Zapatera prodigiosa

(1930)

Personajes

Zapatera

Vecina Amarilla

Zapatero

Vecina Roja

Beata 1ª

El Niño

Vecina Morada

Beata 2ª

Don Mirlo

Vecina Negra

Sacristana

Mozo de la Faja

Vecina Verde

El Autor

Mozo del Sombrero

Vecinas, Beatas Curas y Pueblo



PRÓLOGO


(Aparece el autor. Sale rápidamente. Lleva una carta en la mano)

EL AUTOR.
Respetable público... (Pausa.) No, respetable público no, público solamente; y no es que el autor no considere al público respetable, todo lo contrario, sino que detrás de esta palabra hay como un delicado temblor de miedo y una especie de súplica para que el auditorio sea generoso con la mímica de los actores y el artificio del ingenio. El poeta no pide benevolencia, sino atención, una vez que ha saltado hace mucho tiempo la barra espinosa de miedo que los autores tienen a la sala. Por este miedo absurdo y por ser el teatro en muchas ocasiones una finanza, la poesía se retira de la escena en busca de otros ambientes, donde la gente no se asuste de que un árbol, por ejemplo, se convierta en una bola de humo o de que tres peces, por amor de una mano y una palabra, se conviertan en tres millones de peces para calmar el hambre de una multitud. El autor ha preferido poner el ejemplo dramático en el vivo ritmo de una zapatería popular. En todos los sitios late y anima la criatura poética que el autor ha vestido de zapatera con aire de refrán o simple romancillo y no se extrañe el público si aparece violenta o toma actitudes agrias, porque ella lucha siempre, lucha con la realidad que la cerca y lucha con la fantasía cuando ésta se hace realidad visible. ZAPATERA (Se oyen voces de la Zapatera) ¡Quiero salir! AUTOR ¡Ya voy! No tengas tanta impaciencia en salir; no es un traje de larga cola y plumas inverosímiles el que sacas, sino un traje roto, ¿lo oyes?, un traje de zapatera. ZAPATERA (Voz de la Zapatera dentro) ¡Quiero salir! AUTOR ¡Silencio! (Se descorre la cortina y aparece el decorado con tenue luz.) AUTOR También amanece así todos los días sobre las ciudades, y el público olvida su medio mundo de sueño para entrar en los mercados como tú en tu casa, en la escena, zapaterilla prodigiosa. (Va creciendo la luz.) A empezar, tú llegas de la calle. (Se oyen voces que pelean. Al público) Buenas noches. (Se quita el sombrero de copa y éste se ilumina por dentro con una luz verde, el autor lo inclina y sale de él un chorro de agua. El autor mira un poco cohibido al público y se retira de espaldas Ileno de ironía. Ustedes perdonen. (Sale.)




ACTO PRIMERO


(Casa del zapatero. Banquillo y herramientas. Habitación completamente blanca. Gran ventana y puerta. El foro es también una habitación blanca con algunas puertecitas y ventanas en gris. A derecha e izquierda, puertas. Toda la escena tendrá aire de optimismo y alegría exaltada en los más pequeños detalles. Una suave luz naranja de media tarde invade la escena. Al levantarse el telón la Zapatera viene de la calle toda furiosa y se detiene en la puerta. Viste un traje verde rabioso y lleva el pelo tirante, adornado con dos grandes rosas. Tiene un aire agreste y dulce al mismo tiempo.)

ZAPATERA: Cállate, larga de lengua, penacho de catalineta, que si yo lo he hecho... si yo lo he hecho, ha sido por mi propio gusto... Si no te metes dentro de tu casa te hubiera arrastrado, viborilla empolvada; y esto lo digo para que me oigan todas las que están detrás de las ventanas. Que más vale estar casada con un viejo que con un tuerto, como tú estás. Y no quiero más conversación, ni contigo ni con nadie, ni con nadie. (Entra dando un fuerte portazo.) Ya sabía yo que con esta clase de gente no se podía hablar ni un segundo..., pero la culpa la tengo yo, yo y yo..., que debí estarme en mi casa con... casi no quiero creerlo, con mi marido. Quién me hubiera dicho a mí, rubia con los ojos negros, que hay que ver el mérito que esto tiene, con este talle y estos colores tan hermosísimos, que me iba a ver casada con... me tiraría del pelo. (Llora. Llaman a la puerta.) ¿Quién es? (No responden y llaman otra vez.) ¿Quién es? (Enfurecida.)

NIÑO (temerosamente) Gente de paz.

ZAPATERA (abriendo) ¿Eres tu? (Melosa y conmovida)

NIÑO Sí, señora Zapaterita. ¿Estaba usted llorando?

ZAPATERA No, es que un mosco de esos que hacen piiiii me ha picado en este ojo.

NIÑO ¿Quiere usted que le sople?

ZAPATERA No, hijo mío, ya se me ha pasado... (Le acaricia.) ¿Y qué es lo que quieres?

NIÑO Vengo con estos zapatos de charol, costaron cinco duros, para que los arregle su marido. Son de mi hermana la grande, la que tiene el cutis fino y se pone dos lazos, que tiene dos, un día uno y otro día otro, en la cintura.

ZAPATERA Déjalos ahí, ya los arreglarán.

NIÑO Dice mi madre que tenga cuidado de no darle muchos martillazos, que el charol es muy delicado, para que no se estropee el charol.

ZAPATERA Dile a tu madre que ya sabe mi marido lo que tiene que hacer, y que así supiera ella aliñar con laurel y pimienta un buen guiso como mi marido componer zapatos.

NIÑO (haciendo pucheros) No se disguste usted conmigo, que yo no tengo la culpa y todos los días estudio muy bien la gramática.

ZAPATERA (dulce) ¡Hijo mío! ¡Prenda mía! ¡Si contigo no es nada! (Lo besa.) Toma este muñequito, ¿te gusta? Pues llévatelo.

NIÑO Me lo llevaré, porque como yo sé que usted no tendrá nunca niños...

ZAPATERA ¿Quién te dijo eso?

NIÑO Mi madre lo hablaba el otro día, diciendo: la zapatera no tendrá hijos, y se reían mis hermanas y la comadre Rafaela.

ZAPATERA (nerviosamente) ¿Hijos? Puede que los tenga más hermosos que todas ellas y con más arranque y más honra, porque tu madre... es menester que sepas...

NIÑO ¡Tome usted el muñequito, no lo quiero!

ZAPATERA (reaccionando) No, no, guárdalo, hijo mío... ¡Si contigo no es nada!

(Aparece por la izquierda el Zapatero. Viste traje de terciopelo con botones de plata, pantalón corto y corbata roja. Se dirige al banquillo.)

ZAPATERA ¡Válgate Dios!

NIÑO (asustado) ¡Ustedes se conserven bien! ¡Hasta la vista! ¡Que sea enhorabuena! ¡Deo gratias! (Sale corriendo por la calle.)

ZAPATERA Adiós, hijito. Si hubiera reventado antes de nacer no estaría pasando estos trabajos y estas tribulaciones. !Ay dinero, dinero!, sin manos y sin ojos debería haberse quedado el que te inventó.

ZAPATERO (en el banquillo) ¿Mujer, qué estás diciendo... ?

ZAPATERA ¡Lo que a ti no te importa!

ZAPATERO A mí no me importa nada de nada. Ya sé que tengo que aguantarme.

ZAPATERA También me aguanto yo... piensa que tengo dieciocho años.

ZAPATERO Y yo... cincuenta y tres. Por eso me callo y no me disgusto contigo... ¡demasiado sé yo...! Trabajo para ti . .. y sea lo que Dios quiera ...

ZAPATERA (Esta de espaldas a su marido y se vuelve y avanza tierna y conmovida) ¡Eso no, hijo mío... no digas...!

ZAPATERO ¡Pero, ay, si tuviera cuarenta años o cuarenta y cinco, siquiera...! (Golpea furiosamente un zapato con el martillo.)

ZAPATERA (enardecida) Entonces yo sería tu criada, ¿no es eso? Si una no puede ser buena... ¿Y yo? ¿es que no valgo nada?

ZAPATERO Mujer... repórtate.

ZAPATERA ¿Es que mi frescura y mi cara no valen todos los dineros de este mundo?

ZAPATERO ¡Mujer . .. ;que te van a oír los vecinos!

ZAPATERA ¡Maldita hora, maldita hora, en que hice caso a mi compadre Manuel.

ZAPATERO ¿Quieres que te eche un refresquito de limón?

ZAPATERA ¡Ay, tonta, tonta, tonta! (Se golpea la frente.) Con tan buenos pretendientes como yo he tenido.

ZAPATERO (queriendo suavizar) Eso dice la gente.

ZAPATERA ¿La gente? Por todas partes se sabe. Lo mejor de estas vegas. Pero el que más me gustaba a mí de todos era Emiliano... tú lo conociste... Emiliano, que venía montado en una jaca negra, llena de borlas y espejitos, con una varilla de mimbre en su mano y unas espuelas de cobre reluciente. ¡Y que capa traía por el invierno! ¡Qué vueltas de pana azul y qué agremanes de seda!

ZAPATERO Así tuve yo una también.. . son unas capas preciosísimas.

ZAPATERA ¿Tu? ¡Tú que ibas a tener ...! ¿Pero, por qué te haces ilusiones? Un zapatero no se ha puesto en su vida una prenda de esa clase...

ZAPATERO Pero, mujer, ¿no estás viendo ...?

ZAPATERA (interrumpiéndole) También tuve otro pretendiente... (El Zapatero golpea fuertemente el zapato.) Aquél era medio señorito... tendría dieciocho años, ¡se dice muy pronto! ¡Dieciocho años! (El Zapatero se revuelve inquieto.)

ZAPATERO También los tuve yo.

ZAPATERA Tú no has tenido en tu vida dieciocho años.. Aquél sí que los tenía y me decía unas cosas.. Verás . . .

ZAPATERO (golpeando furioso) ¿Te quieres callar? Eres mi mujer, quieras o no quieras, y yo soy tu esposo. Estabas pereciendo sin camisa, ni hogar. Por qué me has querido. ¡Fantasiosa, fantasiosa, fantasiosa!

ZAPATERA (levantándose) ¡Cállate! No me hagas hablar más de lo prudente y ponte a tu obligación. ¡Parece mentira! (Dos vecinas con mantillas cruzan la ventana sonriendo.) ¿Quién me lo iba a decir, viejo pellejo, que me ibas a dar tal pago? ¡Pégame, si te parece, anda, tírame el martillo!

ZAPATERO ¡Ay, mujer... no me des escándalos, mira que viene la gente! ¡Ay, Dios mío! (Las dos vecinas vuelven a cruzar.)

ZAPATERA Yo me he rebajado. ¡Tonta, tonta, tonta! Maldito sea mi compadre Manuel, maldito sean los vecinos, tonta, tonta, tonta. (Sale golpeándose la cabeza.)

ZAPATERO (mirándose en un espejo y contándose las arrugas) Una, dos, tres, cuatro... y mil. (Guarda el espejo.) Pero me está muy bien empleado, sí, señor. Porque vamos a ver: ¿por qué me habré casado? Yo debí haber comprendido, después de leer tantas novelas, que las mujeres les gustan a todos los hombres, pero todos los hombres no les gustan a todas las mujeres. ¡Con lo bien que yo estaba! Mi hermana, mi hermana tiene la culpa, mi hermana que se empeñó: "que si te vas a quedar solo", "que si qué sé yo que". Y esto es mi ruina. ¡Mal rayo parta a mi hermana, que en paz descanse! (Fuera se oyen voces.) ¿Qué será?

VECINA ROJA (en la ventana y con brío. La acompañan sus hijas del mismo color) Buenas tardes.

ZAPATERO (rascándose la cabeza) Buenas tardes.

VECINA Dile a tu mujer que salga. Niñas, ¿queréis no llorar más? ¡Que salga, a ver si por delante de mí casca tanto como por detrás!

ZAPATERO Ay, vecina de mi alma, no me dé usted escándalos, ¡por los clavitos de Nuestro Señor! ¿Qué quiere usted que yo le haga? Pero comprenda mi situación: toda la vida temiendo casarme... porque casarse es una cosa muy seria, y, a última hora, ya lo está usted viendo.

VECINA ¡Qué lástima de hombre! ¡Cuánto mejor le hubiera ido a usted casado con gente de su clase! .. Estas niñas, pongo por caso, u otras del pueblo...

ZAPATERO Y mi casa no es casa. ¡Es un guirigay!

VECINA ¡Se arranca el alma! Tan buenísima sombra como ha tenido usted toda su vida.

ZAPATERO (mira por si viene su mujer) Anteayer... despedazó el jamón que teníamos guardado para estas Pascuas y nos lo comimos entero. Ayer estuvimos todo el día con unas sopas de huevos y perejil: bueno, pues porque protesté de esto, me hizo beber tres vasos seguidos de leche sin hervir.

VECINA ¡Qué fiera!

ZAPATERO Así es, vecinita de mi corazón, que le agradecería en el alma que se retirase.

VECINA ¡Ay, si viviera su hermana! Aquélla si que era...

ZAPATERO Ya ves... y de camino llévate tus zapatos que están arreglados. (Por la puerta de la izquierda asoma la zapatera, que detrás de la cortina espía la escena sin ser vista.)

VECINA (mimosa) ¿Cuánto me vas a llevar por ellos?... Los tiempos van cada vez peor.

ZAPATERO Lo que tú quieras... Ni que tire por allí ni que tire por aquí...

VECINA (dando en el codo a sus hijas) ¿Están bien en dos pesetas?

ZAPATERO ¡Tú dirás!

VECINA Vaya... ¡Te daré una...!

ZAPATERA (Saliendo furiosa) ¡Ladrona! (Las mujeres chillan y se asustan.) ¿Tienes valor de robar a este hombre de esta manera? (A su marido.) Y tu, ¿dejarte robar? Vengan los zapatos. Mientras no nos des por ellos diez pesetas, aquí se quedan.

VECINA ¡Lagarta, lagarta!

ZAPATERA ¡Mucho cuidado con lo que estás diciendo!

NIÑAS Ay, vámonos, vámonos, ¡por Dios!

VECINA ¡Bien despachado vas de mujer, que te aproveche! (Se van rápidamente. El Zapatero cierra la ventana y la puerta)

ZAPATERO Escúchame un momento...

ZAPATERA (recordando) Lagarta... lagarta... qué, qué, qué... ¿qué me vas a decir?

ZAPATERO Mira, hija mía. Toda mi vida ha sido en mi una verdadera preocupación evitar el escándalo, (El Zapatero traga constantemente saliva.)

ZAPATERA ¿Pero tienes el valor de llamarme escandalosa, cuando he salido a defender tu dinero?

ZAPATERO Yo no te digo más, que he huido de los escándalos, como las salamanquesas del agua fría.

ZAPATERA ( rápida ) ¡Salamanquesas! ¡Hay, qué asco!

ZAPATERO (armado de paciencia) Me han provocado, me han, a veces, hasta insultado, y no teniendo ni tanto así de cobarde he quedado sin alma en mi almario, por el miedo de verme rodeado de gentes y llevado y traído por comadres y desocupados. De modo que ya lo sabes. ¿He hablado bien? Ésta es mi última palabra.

ZAPATERA Pero vamos a ver, a mí ¿qué me importa todo eso? Me casé contigo, ¿no tienes la casa limpia? ¿No comes? ¿No te pones cuellos y puños que en tu vida te los habías puesto? ¿No llevas tu reloj, tan hermoso, con cadena de plata y venturinas, al que te doy cuerda todas las noches? ¿Qué más quieres? Porque yo, todo; menos esclava. Quiero hacer siempre mi santa voluntad.

ZAPATERO No me digas... tres meses llevamos de casados, yo, queriéndote... y tu, poniéndome verde. ¿No ves que ya no estoy para bromas?

ZAPATERA ( seria y como soñando) Queriéndome, queriéndome... Pero (Brusca.) ¿qué es eso de queriéndome? ¿Qué es queriéndome?

ZAPATERO Tu te creerás que yo no tengo vista y sé lo que haces y lo que no haces, y ya estoy colmado, ¡hasta aquí!

ZAPATERA (fiera) Pues lo mismo me da a mí que estés colmado como que no estés, porque tu me importas tres pitos, ¡ya lo sabes! (Llora.)

ZAPATERO ¿No puedes hablarme un poquito más bajo?

ZAPATERA Merecías, por tonto, que colmara la calle a gritos.

ZAPATERO Afortunadamente creo que esto acabará pronto; porque yo no sé cómo tengo paciencia.

ZAPATERA Hoy no comemos... de manera que ya te puedes buscar la comida por otro sitio. (La Zapatera sale rápidamente hecha una furia.)

ZAPATERO Mañana (Sonriendo) quizás la tengas que buscar tú también. (Se va al banquillo.)

(Por la puerta central aparece el Alcalde. Viste de azul oscuro, gran capa y larga vara de mano rematada con cabos de plata. Habla despacio y con gran sorna.)

ALCALDE ¿En el trabajo?

ZAPATERO En el trabajo, señor Alcalde.

ALCALDE ¿Mucho dinero?

ZAPATERO El suficiente. (El Zapatero sigue trabajando. El Alcalde mira curiosamente a todos lados.)

ALCALDE Tú no estás bueno.

ZAPATERO (sin levantar la cabeza) No

ALCALDE ¿La mujer?

ZAPATERO (asintiendo) ¡La mujer!

ALCALDE (sentándose) Eso tiene casarse a tu edad... A tu edad se debe ya estar viudo... de una, como mínimo.. Yo estoy de cuatro: Rosa, Manuela Visitación y Enriqueta Gómez, que ha sido la última: buenas mozas todas, aficionadas al baile y al agua limpia. Todas, sin excepción, han probado esta vara repetidas veces. En mi casa ... en mi casa, coser y cantar.

ZAPATERO Pues ya está usted viendo qué vida la mía. Mi mujer... no me quiere. Habla por la ventana con todos. Hasta con don Mirlo, y a mí se me está encendiendo la sangre.

ALCALDE ( riendo) Es que ella es una chiquilla alegre, eso es natural.

ZAPATERO ¡Ca! Estoy convencido... yo creo que esto lo hace por atormentarme; porque, estoy seguro.... ella me odia. Al principio creí que la dominaría con mi carácter dulzón y mis regalillos: collares de coral, cintillos, peinetas de concha... ¡hasta unas ligas! ¡Pero ella ... Siempre es ella!

ALCALDE Y tú, siempre tú; ¡qué demonio! Vamos, lo estoy viendo y me parece mentira cómo un hombre, lo que se dice un hombre, no puede meter en cintura, no una, sino ochenta hembras. Si tu mujer habla por la ventana con todos, si tu mujer se pone agria contigo, es porque tú quieres, porque tú no tienes arranque. A las mujeres buenos apretones en la cintura, pisadas fuertes y la voz siempre en alto, y si con esto se atreven a hacer kikirikí, la vara, no hay otro remedio. Rosa, Manuela, Visitación y Enriqueta Gómez, que ha sido la última, te lo pueden decir desde la otra vida, si es que por casualidad están allí.

ZAPATERO Pero si el caso es que no me atrevo a decirle una cosa. (Mira con recelo.)

ALCALDE (autoritario) Dímela.

ZAPATERO Comprendo que es una barbaridad... pero, yo no estoy enamorado de mi mujer.

ALCALDE ¡Demonio!

ZAPATERO Sí, señor, ¡demonio!

ALCALDE Entonces, grandísimo tunante, ¿por qué te has casado?

ZAPATERO Ahí lo tiene usted. Yo no me lo explico tampoco. Mi hermana, mi hermana tiene la culpa. Que si te vas a quedar solo, que si qué sé yo, que si que sé yo cuántos. Yo tenía dinerillos, salud y dije: ¡Allá voy! Pero, benditísima soledad antigua. Mal rayo parta a mi hermana, ¡que en paz descanse!

ALCALDE ¡Pues te has lucido!

ZAPATERO Sí, señor, me he lucido... Ahora, que yo no aguanto más. Yo no sabía lo que era una mujer. Digo, ¡usted, cuatro! Yo no tengo edad para resistir este jaleo.

ZAPATERA (cantando dentro, fuerte)

Ay, jaleo, jaleo,
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo!

ZAPATERO Ya lo está usted oyendo.

ALCALDE ¿Y qué piensas hacer?

ZAPATERO Cuca silvana. (Hace un ademán )

ALCALDE ¿Se te ha vuelto el juicio?

ZAPATERO (excitado) El zapatero a tus zapatos se acabó para mí. Yo soy un hombre pacífico. Yo no estoy acostumbrado a estos voceríos y a estar en lenguas de todos.

ALCALDE (riéndose) Recapacita lo que has dicho que vas a hacer; tú eres capaz de hacerlo, y no seas tonto. Es una lástima que un hombre como tú no tenga el carácter que debías tener. (Por la puerta de la izquierda aparece la Zapatera echándose polvos con una polvera rosa y limpiándose las cejas.)

ZAPATERA Buenas tardes.

ALCALDE Muy buenas. (Al zapatero): Como guapa, es guapísima.

ZAPATERO ¿Usted cree?

ALCALDE Qué rosas tan bien puestas lleva usted en el pelo y, ¡qué bien huelen!

ZAPATERA Muchas que tiene usted en los balcones de su casa.

ALCALDE Efectivamente. ¿Le gustan a usted las flores?

ZAPATERA ¿A mí. . .? ¡Ay, me encantan! Hasta en el tejado pondría yo macetas, en la puerta, por las paredes. Pero a éste ... a ése ... no le gustan. Claro, toda la vida haciendo botas, ¡qué quiere usted! (Se sienta en la ventana.) Y buenas tardes. (Mira la calle y coquetea).

ZAPATERO ¿Lo ve usted?

ALCALDE Un poco ... pero es una mujer guapísima. ¡Qué cintura tan ideal!

ZAPATERO No la conoce usted.

ALCALDE ¡Pscch! (Saliendo majestuosamente): ¡Hasta mañana! Y a ver si se despeja esa cabeza. ¡A descansar, niña! ¡Qué lástima de talle! (Vase mirando a 1a Zapatera.) ¡Porque, vamos! ¡Y hay que ver qué ondas en el pelo! (Sale.)

ZAPATERO (cantando)

Si tu madre tiene un rey,
la baraja tiene cuatro;
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos

(La Zapatera coge una silla y sentada en una ventana empieza a darle vueltas.)

ZAPATERO (cogiendo otra silla y dándole vueltas en sentido contrario) Si sabes que tengo esa superstición, y para mi esto es como si me dieras un tiro, ¿por qué lo haces?

ZAPATERA (soltando la silla) ¿Qué he hecho yo? ¿No te digo que no me dejas ni moverme?

ZAPATERO Ya estoy harto de explicarte... pero es inútil (Va a hacer mutis pero la Zapatera empieza otra vez y el Zapatero viene corriendo desde la puerta da y da vueltas a su silla.) ¿Por qué no me dejas marchar mujer?

ZAPATERA ¡Jesús!, pero si lo que yo estoy desando es que te vayas.

ZAPATERO ¡Pues déjame!

ZAPATERA (enfurecida) Pues vete! (Fuera se oye una flauta acompañada de guitarra que toca una polquita antigua con el ritmo cómicamente acusado. La Zapatera empieza a llevar el compás con la cabeza y el Zapatero huye por la izquierda.)

ZAPATERA ( cantando) Larán... larán.. . A mi, es que la flauta me ha gustado siempre mucho... Yo siempre he tenido delirio por ella ... Casi se me saltan las lágrimas... ¡Qué primor! Larán, larán... Oye ... Me gustaría que él la oyera ... (Se levanta y se pone a bailar como si lo hiciera con novios imaginarios.) ¡Ay, Emiliano! Qué cintillos tan preciosos llevas ... No, no ... Me da vergüencilla... Pero, José María, ¿no ves que nos están viendo? Coge un pañuelo, que no quiero que me manches el vestido. A ti te quiero, a ti... ¡Ah, sí!... mañana que traigas la jaca blanca, la que a mí me gusta. (Ríe. Cesa la música.) ¡Qué mala sombra! Esto es dejar a una con la miel en los labios ... Qué ...

(Aparece en la ventana Don Mirlo. Viste de negro, frac y pantalón corto. Le tiembla la voz y mueve la cabeza como un muñeco de alambre.)

MIRLO ¡Chisssssss !

ZAPATERA (Sin mirar y vuelta de espalda a la ventana) Pin, pin, pio, pío, pío.

MIRLO (acercándose mas) ¡Chiss! Zapaterilla blanca, como el corazón de las almendras, pero amargosilla también. Zapaterita ... junco de oro encendido ... Zapaterita, bella otero de mi corazón.

ZAPATERA Cuánta cosa, don Mirlo; a mí me parecía imposible que los pajarracos hablaran. Pero si anda por ahí revoloteando un mirlo negro, negro y viejo... sepa que yo no puedo oírle cantar hasta más tarde... pin, pío, pío, pío, pío.

MIRLO Cuando las sombras crepusculares invadan con sus tenues velos el mundo y la vía pública se halle libre de transeúntes, volveré. (Toma rapé y estornuda sobre el cuello de la Zapatera.)

ZAPATERA (volviéndose airada y pegando a Don Mirlo, que tiembla ) Aaaay. (Con cara de asco): ¡Y aunque no vuelvas indecente! Mirlo de alambre, garabato de candil. Corre, corre... ¿Se habrá visto? ¡Mira que estornudar! ¡Vaya mucho con Dios! ¡Qué asco!

(En la ventana se para el Mozo de la faja. Tiene el sombrero plano echado a la cara y da pruebas de gran pesadumbre.)

MOZO ¿Se toma el fresco, zapaterita?

ZAPATERA Exactamente igual que usted.

MOZO Y siempre sola... ¡Qué lastima!

ZAPATERA (Agria) ¿Y por qué, lástima ?

MOZO Una mujer como usted, con ese pelo y esa pechera tan hermosísima...

ZAPATERA (mas agria) Pero, ¿por qué lástima?

MOZO Porque usted es digna de estar pintada en las tarjetas postales y no aquí . .. este portalillo.

ZAPATERA ¿Sí?... A mí las tarjetas postales me gustan mucho, sobre todo las de novios que se van de viaje...

MOZO ¡Ay, zapaterita, qué calentura tengo! (Siguen hablando.)

ZAPATERO (entrando y retrocediendo) ¡Con todo el mundo y a estas horas! ¡Qué dirán los que vengan al rosario de la iglesia! ¡Qué dirán en el casino! ¡Me estarán poniendo!... En cada casa un traje con ropa interior y todo. (La Zapatera ríe.) ¡Ay, Dios mío! ¡Tengo razón para marcharme! ¿Quisiera oír a la mujer del sacristán; pues y los curas? ¿Qué dirán los curas? Eso será lo que habrá que oír. (Entra desesperado.)

MOZO ¿Cómo quiere que se lo exprese . . .? Yo la quiero, te quiero como...

ZAPATERA Verdaderamente eso de "la quiero", "te quiero", suena de un modo que parece que me están haciendo cosquillas con una pluma detrás de las orejas. Te quiero, la quiero ...

MOZO ¿Cuántas semillas tiene el girasol?

ZAPATERA ¡Yo qué sé!

MOZO Tantos suspiros doy cada minuto por usted, por ti... (Muy cerca.)

ZAPATERA (brusca) Estate quieto. Yo puedo oírte hablar porque me gusta y es bonito, pero nada más, ¿lo oyes? ¡Estaría bueno!

MOZO Pero eso no puede ser. ¿Es que tienes otro compromiso?

ZAPATERA Mira, vete.

MOZO No me muevo de este sitio sin el sí. ¡Ay, mi zapaterita, dame tu palabra! (Va a abrazarla.)

ZAPATERA (cerrando violentamente la ventana) Pero qué impertinente, qué loco! ... Si te he hecho daño te aguantas! ... Como si yo no estuviera aquí más que paraaa, paraaaa ... Es que en este pueblo no puede una hablar con nadie? Por lo que veo, en este pueblo no hay más que dos extremos: o monja o trapo de fregar ... Era lo que me quedaba que ver! (Haciendo como que huele y echando a correr.) Ay, mi comida que está en la lumbre! Mujer ruin!

(La luz se va marchando. El Zapatero sale con una gran capa y un bulto de ropa en la mano.)

ZAPATERO ¡O soy otro hombre o no me conozco! ¡Ay, casita mía! ¡Ay, banquillo mío! Cerote, clavos, pieles de becerro ... Bueno. (Se dirige hacia la puerta y retrocede, pues se topa con dos beatas en el mismo quicio.)

BEATA 1 ¿Descansando, verdad?

BEATA 2 ¡Hace usted bien en descansar!

ZAPATERO ¡Buenas noches!

BEATA 1 A descansar, maestro.

BEATA 2 ¡A descansar, a descansar! (Se van)

ZAPATERO Sí, descansando ... ¡Pues no estaban mirando por el ojo de la llave! ¡Brujas, sayonas! ¡Cuidado con el retintín con que me lo han dicho! ¡Claro ... si en todo el pueblo no se hablará de otra cosa: que si yo, que sí ella, que si los mozos! ¡Ay! ¡Mal rayo parta a mi hermana que en paz descanse! Pero primero solo que señalado por el dedo de los demás!

(Sale rápidamente y deja la puerta abierta. Por la izquierda aparece la Zapatera.)

ZAPATERA Ya está la comida... ¿me estás oyendo? (Avanza hacia la puerta de la derecha): ¿Me estás oyendo? ¿Pero habrá tenido el valor de marcharse al cafetín, dejando la puerta abierta ... y sin haber terminad los borceguíes? ¡Pues cuando vuelva me oirá! ¡Me tiene que oír! ¡Qué hombres son los hombres, que abusivos y qué ... qué ... vaya! ... (En un repeluzno): ¡Ay, qué fresquito hace! (Se pone a encender el candil y de la calle llega el ruido de la esquilas de los rebaños que vuelven al pueblo. La Zapatera se asoma a la ventana.) ¡Qué primor de rebaños! Lo que es a mí, me chalan las ovejitas. Mira, mira.., aquella blanca tan chiquita que casi no puede andar. ¡Ay! ... Pero aquella grandota y antipática se empeña en pisarla y nada ... (A voces): ¡Pastor, asombrado! ¿No estás viendo que te pisotean la oveja recién nacida? (Pausa.) Pues claro que me importa... ¿No ha de importarme? ¡Brutísimo!... Y mucho... (Se quita de la ventana.) Pero señor, adónde habrá ido este hombre desnortado Pues si tarda siquiera dos minutos más, como yo sola, que me basto y me sobro ... Con la comida tan buena que he preparado ... Mi cocido, con sus patatas de la sierra, dos pimientos verdes, pan blanco, un poquito magro de tocino, y arrope con calabaza y cáscara de limón para encima, porque lo que es cuidarlo, lo que es cuidarlo, ¡lo estoy cuidando a mano!

(Durante todo este monologo da muestras de gran actividad, moviéndose de un lado, para otro, arreglando las sillas, despabilando el velón y quitándose motas del vestido.)

NIÑO (En la puerta) ¿Estas disgustada todavía?

ZAPATERA Primorcito de su vecino, ¿dónde vas?

NIÑO (en la puerta) Tú no me regañarás, ¿verdad?, porque a mi madre que algunas veces me pega, la quiero veinte arrobas, pero a ti, te quiero treinta y dos y media ...

ZAPATERA ¿Por qué eres tan precioso? (Sienta al Niño en sus rodillas.)

NIÑO Yo venía a decirte una cosa que nadie quiere decirte. Ve tú, ve tú, ve tú, y nadie quería y entonces, "que vaya el niño", dijeron ... porque era un notición que nadie quiere dar.

ZAPATERA Pero dímelo pronto, ¿qué ha pasado?

NIÑO No te asustes, que de muertos no es.

ZAPATERA ¡Anda!

NIÑO Mira, zapaterita... (Por la ventana entra una mariposa y el Niño bajándose de las rodillas de la Zapatera echa a correr.) Una mariposa, una mariposa ... ¿No tienes un sombrero...? Es amarilla, con pintas azules y rojas ... y, qué sé yo ...

ZAPATERA Pero, hijo mío ... ¿quieres?

NIÑO (enérgico) Cállate y habla en voz baja, ¿no ves que se espanta si no? ¡Ay! ¡Dame tu pañuelo!

ZAPATERA (intrigada ya en la caza) Tómalo.

NIÑO Chis ... No pises fuerte.

ZAPATERA Lograrás que se escape.

NIÑO (en voz baja y como encantando a la mariposa, canta)

Mariposa del aire,
qué hermosa eres,
mariposa del aire
dorada y verde.
Luz de candil,
mariposa del aire,
quédate ahí, ahí, ahí! ...
No te quieres parar,
pararte no quieres.
Mariposa del aire,
dorada y verde.
Luz de candil,
mariposa del aire,
quédate ahí, ahí, ahí! ...
Quédate ahí!
Mariposa, ¿estás ahí?

ZAPATERA (en broma) Síiii.

NIÑO No, eso no vale. (La mariposa vuela)

ZAPATERA ¡Ahora! ¡Ahora!

NIÑO (corriendo alegremente con el pañuelo) ¿No te quieres parar? ¿No quieres dejar de volar?

ZAPATERA (corriendo también por otro lado) ¡Que se escapa, que se escapa!

(EL Niño sale corriendo por la puerta persiguiendo a la mariposa)

ZAPATERA (enérgica) ¿Dónde vas?

NIÑO (suspenso) ¡Es verdad! (Rápido.) Pero yo no tengo la culpa.

ZAPATERA ¡Vamos! ¿Quieres decirme lo que pasa? ¡Pronto... !

NIÑO Ay! Pues, mira ... tu marido, el zapatero, se ha ido para no volver más.

ZAPATERA (aterrada) ¿Cómo?

NIÑO Sí, sí, eso ha dicho en casa antes de montarse en la diligencia, que lo he visto yo ... y nos encargó que te lo dijéramos y ya lo sabe todo el pueblo.

ZAPATERA (sentándose desplomada) ¡No es posible, esto no es posible! ¡Yo no lo creo!

NIÑO Sí que es verdad, no me regañes¡

ZAPATERA (levantándose hecha una furia y dando fuertes pisotadas en el suelo) ¿Y me da este pago? ¿Y me da este pago?

(El Niño se refugia detrás de la mesa.)

NIÑO ¡Que se te caen las horquillas!

ZAPATERA ¿Qué va a ser de mí sola en esta vida? ¡Ay, ay, ay! (El Niño sale corriendo. La ventana y puertas están llenas de vecinos.) Sí, sí, venid a verme, cascantes, comadricas, por vuestras culpa ha sido.


ALCALDE Mira, ya te estás callando. Si tu marido te dejado ha sido porque no lo querías, porque no podía ser.

ZAPATERA Pero, ¿lo van a saber ustedes mejor que yo? Si, lo quería, vaya si lo quería, que pretendientes buenos y muy riquísimos he tenido y no les he dado el sí jamás. ¡Ay, pobrecito mío, qué cosas te habrán contado!

SACRISTANA (entrando) Mujer, repórtate.

ZAPATERA No me resigno. No me resigno. ¡Ay, ay!

(Por la puerta empiezan a entrar vecinas vestidas con colores violentos y que llevan grandes vasos de refrescos. Giran, corren, entran y salen alrededor de la Zapatera que está sentada gritando, con la prontitud y ritmo de baile. Las grandes faldas se abren a las vueltas que dan. Todos adoptan una actitud cómica de pena.)

VECINA AMARILLA Un refresco.

VECINA ROJA Un refresquito.

VECINA VERDE Para la sangre.

VECINA NEGRA De limón.

VECINA MORADA De zarzaparrilla.

VECINA ROJA La menta es mejor.

VECINA MORADA Vecina.

VECINA VERDE Vecinita.

VECINA NEGRA Zapatera.

VECINA ROJA Zapaterita.

(Las vecinas arman gran algazara. La Zapatera llora a gritos.)



TELÓN



ACTO SEGUNDO


La misma decoración. A la izquierda, el banquillo arrumbado. A la derecha, el mostrador con botellas y un lebrillo con agua donde la Zapatera friega las copas. La Zapatera está detrás del mostrador. Viste un traje rojo encendido, con amplias faldas y los brazos al aire. En la escena, dos mesas en una de ellas está sentado Don Mirlo, que toma un refresco y en la otra el Mozo del sombrero en la cara. La Zapatera friega con gran ardor vasos y copas que va volcando en el mostrador. Aparece en la puerta el Mozo de la faja, y el sombrero plano del primer acto. Está triste. Lleva los brazos caídos y mira de manera tierna a la Zapatera. Al actor que exagere lo más mínimo en este tipo, debe el director de escena darle un bastonazo en la cabeza. Nadie debe exagerar. La farsa exige siempre naturalidad. El autor ya se ha encargado de dibujar el tipo y el sastre de vestirlo. Sencillez. El Mozo se detiene en la puerta. Don Mirlo y el otro Mozo vuelven la cabeza y lo miran. Ésta es casi una escena de cine. Las miradas y expresión del conjunto dan su expresión. La Zapatera deja de fregar y mira al Mozo fijamente. ( Silencio)

ZAPATERA Pase usted.

MOZO DE LA FAJA Si usted lo quiere...

ZAPATERA (Asombrada) ¿Yo? Me trae absolutamente sin cuidado, pero como lo veo en la puerta...

MOZO DE LA FAJA Lo que usted quiera. (Se apoya en el mostrador.) (Entre dientes): Éste es otro al que voy a tener que...

ZAPATERA ¿Qué va a tomar?

MOZO DE LA FAJA Seguiré sus indicaciones.

ZAPATERA Pues la puerta.

MOZO DE LA FAJA ¡Ay, Dios mío, cómo cambian los tiempos!

ZAPATERA No crea usted que me voy a echar a llorar. Vamos. Va a usted a tomar copa, café, refresco, ¿diga...?

MOZO DE LA FAJA Refresco.

ZAPATERA No me mire tanto que se me va a derramar el jarabe.

MOZO DE LA FAJA Es que me estoy muriendo ¡ay!

(Por la ventana pasan dos majas con inmensos abanicos. Miran, se santiguan escandalizadas, se tapan los ojos con los pericones y a pasos menuditos cruzan.)

ZAPATERA El refresco.

MOZO DE LA FAJA (mirándola) ¡Ay!

MOZO DEL SOMBRERO (mirando al suelo) ¡Ay!

MIRLO (mirando al techo) ¡Ay!

(La Zapatera dirige la cabeza hacia los tres ayes.)

ZAPATERA ¡Requeteay! ¿Pero esto es una taberna o un hospital? ¡Abusivos! Si no fuera porque tengo que ganarme la vida con estos vinillos y este trapicheo, porque estoy sola desde que se fue por culpa de todos vosotros mi pobrecito marido de mi alma, ¿cómo es posible que yo aguantara esto? ¿Qué me dicen ustedes? Los voy a tener que plantar en lo más ancho de la calle.

MIRLO Muy bien, muy bien dicho.

MOZO DEL SOMBRERO Has puesto taberna y podemos estar aquí dentro todo el tiempo que queramos.

ZAPATERA (fiera) ¿Cómo? ¿Cómo?

(El Mozo de la faja inicia el mutis y Don Mirlo se levanta sonriente y haciendo como que está en el secreto y que volverá.)

MOZO DEL SOMBRERO Lo que he dicho.

ZAPATERA Pues si dices tú, más digo yo y puedes enterarte, y todos los del pueblo, que hace cuatro meses que se fue mi marido y no cederé a nadie jamás, porque una mujer casada debe estarse en su sitio como Dios manda. Y que no me asusto de nadie, ¿lo oyes?, que yo tengo la sangre de mi abuelo, que esté en gloria, que fue desbravador de caballos y lo que se dice un hombre. Decente fui y decente lo seré. Me comprometí con mi marido. Pues hasta la muerte.

(Don Mirlo sale por la puerta, rápidamente y haciendo señas que indican una relación entre él y la Zapatera.)

MOZO DEL SOMBRERO (levantándose) Tengo tanto coraje que agarraría un toro de los cuernos, le haría hincar la cerviz en las arenas y después me comería los sesos crudos con estos dientes míos, en la seguridad de no hartarme de morder.

(Sale rápidamente y Don Mirlo huye hacia la izquierda.)

ZAPATERA (con las manos en la cabeza) Jesús, Jesús, Jesús y Jesús. (Se sienta.)

(Por la puerta entra el niño, se dirige a la Zapatera y le tapa los ojos.)

NIÑO ¿Quien soy yo?

ZAPATERA Mi niño, pastorcillo de Belén.

NIÑO Ya estoy aquí. (Se besan.)

ZAPATERA ¿Vienes por la meriendita?

NIÑO Si tú me la quieres dar...

ZAPATERA Hoy tengo una onza de chocolate.

NIÑO ¿Sí? A mí me gusta mucho estar en tu casa.

ZAPATERA (dándole la onza) ¿Por qué eres interesadillo?

NIÑO ¿Interesadillo? ¿Ves este cardenal que tengo en la rodílla?

ZAPATERA ¿A ver? (Se sienta en una silla baja y toma el Niño en brazos.)

NIÑO Pues me lo ha hecho el Cunillo porque le estaba cantando... las coplas que te han sacado y yo le pegué en la cara, y entonces él me tiró una piedra que, !plaf!, mira.

ZAPATERA ¿Te duele mucho?

NIÑO Ahora no, pero he llorado.

ZAPATERA No hagas caso ninguno de lo que dicen.

NIÑO Es que eran cosas muy indecentes. Cosas indecentes que yo sé decir, ¿sabes?, pero que no quiero decir.

ZAPATERA (riéndose) Porque si lo dices cojo un pimiento picante y te pongo la lengua como un ascua. (Ríen.)

NIÑO Pero, ¿por qué te echaran a ti la culpa de que tu marido se haya marchado?

ZAPATERA Ellos, ellos son los que la tienen y los que me hacen desgraciada.

NIÑO (triste) No digas, Zapaterita.

ZAPATERA Yo me miraba en sus ojos. Cuando le veía venir montado en su jaca blanca...

NIÑO (interrumpiéndole) ¡Ja, ja, ja! Me estás engañando. El señor Zapatero no tenía jaca.

ZAPATERA Niño, sé más respetuoso. Tenía jaca, claro que la tuvo, pero es... es que tú no habías nacido.

NIÑO (pasándole la mano por la cara) ¡Ah! Eso sería!

ZAPATERA Ya ves tú. .. cuando lo conocí estaba yo lavando en el arroyo del pueblo. Medio metro de agua y las chinas del fondo se veían reír, reír con el temblorcillo. El venía con un traje negro entallado, corbata roja de seda buenísima y cuatro anillos de oro que relumbraban como cuatro soles.

NIÑO ¡Que bonito!

ZAPATERA Me miró y lo mire. Yo me recosté en la hierba Todavía me parece sentir en la cara aquel aire tan fresquito que venía por los árboles. Él paró su caballo y la cola del caballo era blanca y tan larga que llegaba al agua del arroyo. (La Zapatera está casi llorando. Empieza a oírse un canto lejano.) Me puse tan azorada que se me fueron dos pañuelos preciosos, así de pequeñitos, en la corriente.

NIÑO ¡Qué risa!

ZAPATERA Él, entonces me dijo... (El canto se oye más cerca. Pausa.) ¡Chisss . . .!

NIÑO (se levanta) ¡Las coplas!

ZAPATERA ¡Las coplas! (Pausa. Los dos escuchan.) ¿Tú sabes lo que dicen?

NIÑO (con la mano) Medio, medio.

ZAPATERA Pues cántalas, que quiero enterarme.

NIÑO ¿Para qué?

ZAPATERA Para que yo sepa de una vez lo que dicen.

NIÑO (cantando y siguiendo el compás) Verás.

La señora Zapatera,
al marcharse su marido,
ha montado una taberna
donde acude el señorío.

ZAPATERA ¡Me la pagarán!

NIÑO (El Niño lleva el compás con la mano en la mesa )

Quién te compra, Zapatera,
el paño de tus vestidos
y esas chambras de batista
con encaje de bolillos.
Ya la corteja el Alcalde,
ya la corteja don Mirlo.
Zapatera, Zapatera,
Zapatera, ¡te has lucido!

(Las voces se van distinguiendo cerca y claras con su acompañamiento de panderos. La Zapatera coge un mantoncillo de manila y se lo echa sobre los hombros.)

¿Dónde vas? (Asustado.)

ZAPATERA ¡Van a dar lugar a que compre un revólver!

(El canto se aleja. La Zapatera corre a la puerta. Pero tropieza con el Alcalde que viene majestuoso, dando golpes con la vara en el suelo.)

ALCALDE ¿Quién, despacha?

ZAPATERA ¡El demonio!

ALCALDE ¿Pero, qué ocurre?

ZAPATERA Lo que usted debía saber hace muchos días, lo que usted como alcalde no debía permitir. La gente me canta coplas, los vecinos se ríen en sus puertas y como no tengo marido que vele por mi, salgo yo a defenderrne, ya que en este pueblo las autoridades, son calabacines, ceros a la izquierda, estafermos.

NIÑO Muy bien dicho.

ALCALDE (enérgico) Niño, niño, basta de voces ... ¿Sabes tú lo que he hecho ahora? Pues meter en la cárcel a dos o tres de los que venían cantando.

ZAPATERA ¡Quisiera yo ver eso!

Voz (fuera) ¡Niñoooo!

NIÑO Mi madre me llama! (Corre a la ventana.) ¡Quéee! Adiós. Si quieres te puedo traer el espadón grande de mi abuelo, el que se fue a la guerra. Yo no puedo con él, ¿sabes?, pero tú, sí.

ZAPATERA (sonriendo) ¡Lo que quieras!

Voz (fuera) ¡Niñoooo!

NIÑO (ya en la calle) ¿Quéeee?

ALCALDE Por lo que veo, este niño sabio y retorcido es la única persona a quien tratas bien en el pueblo.

ZAPATERA ¿No pueden ustedes hablar una sola palabra sin ofender...? ¿De qué se ríe su ilustrísimo?

ALCALDE ¡De verte tan hermosa y desperdiciada!

ZAPATERA ¡Antes un perro! (Le sirve un vaso de vino.)

ALCALDE ¡Qué desengaño de mundo! Muchas mujeres he conocido como amapolas, como rosas de olor ..., mujeres morenas con los ojos como tinta de fuego, mujeres que les huele el pelo a nardos y siempre tienen las manos con calentura, mujeres cuyo talle se puede abarcar con estos dos dedos, pero como tú, como tú no hay nadie. Anteayer estuve enfermo toda la mañana porque vi tendidas en el prado dos camisas tuyas, con lazos celestes, que era como verte a ti, zapatera de mi alma.

ZAPATERA (estallando furiosa) Calle usted, viejísimo, calle usted; con hijas mozuelas y lleno de familia no se debe cortejar de esta manera tan indecente y tan descarada.

ALCALDE Soy viudo.

ZAPATERA Y yo casada.

ALCALDE Pero tu marido te ha dejado y no volverá, estoy seguro.

ZAPATERA Yo viviré como si lo tuviera.

ALCALDE Pues a mí me consta, porque me lo dijo, que no te quería ni tanto así.

ZAPATERA Pues a mí me consta que sus cuatro señoras, mal rayo las parta, le aborrecían a muerte.

ALCALDE (dando en el suelo con la vara) ¡Ya estamos!

ZAPATERA (tirando un vaso) ¡Ya estamos! (Pausa.)


ALCALDE (entre dientes) ¡Si yo te cogiera por mi cuenta, vaya si te domaba!

ZAPATERA (guasona) ¿Qué está usted diciendo?

ALCALDE Nada, pensaba ... que si tú fueras como debías ser, te hubieras enterado que tengo voluntad y valentía para hacer escritura, delante del notario, de una casa muy hermosa.

ZAPATERA ¿Y qué?

ALCALDE Con un estrado que costó cinco mil reales, con centros de mesa, con cortinas de brocatel, con espejos de cuerpo entero ...

ZAPATERA ¿Y qué más?

ALCALDE (tenoriesco) Que la casa tiene una cama con coronación de pájaros y azucenas de cobre, un jardín con seis palmeras y una fuente saltadora, pero aguarda, para estar alegre, que una persona que sé yo se quiera aposentar en sus salas donde estaría ... (Dirigiéndose a la Zapatera.) mira, ¡estarías como una reina!

ZAPATERA (guasona) Yo no estoy acostumbrada a esos lujos. Siéntese usted en el estrado, métase usted en la cama, mírese usted en los espejos y póngase con la boca abierta debajo de las palmeras esperando que le caigan los dátiles, que yo de zapatera no me muevo.

ALCALDE Ni yo de alcalde. Pero que te vayas enterando que no por mucho despreciar amanece más temprano. (Con retintín)

ZAPATERA Y que no me gusta usted ni me gusta nadie del pueblo. ¡Que está usted muy viejo!

ALCALDE (indignado) ¡Acabaré metiéndote en la cárcel.

ZAPATERA ¡Atrévase usted!

(Fuera se oye un toque de trompeta floreado y comiquísimo.)

ALCALDE ¿Qué será eso?

ZAPATERA (alegre y ojiabierta) ¡Títeres! (Se golpea las rodillas)

(Por la ventana cruzan dos mujeres.)

VECINA ROJA ¡Títeres!

VECINA MORADA ¡Títeres!

NIÑO (en la ventana) ¿Traerán monos? ¡Vamos!

ZAPATERA (al Alcalde) ¡Yo voy a cerrar la puerta!

NIÑO ¡Vienen a tu casa!

ZAPATERA ¿Sí? (Se acerca a la puerta.)

NIÑO ¡Míralos!

(Por la puerta aparece el zapatero disfrazado. Trae una trompeta y un cartelón enrollado a la espalda, lo rodea la gente. La Zapatera queda en actitud expectante y el Niño salta por la ventana y se coge a sus faldones.)

ZAPATERO Buenas tardes.

ZAPATERA Buenas tardes tenga usted, señor titiritero.

ZAPATERO ¿Aquí se puede descansar?

ZAPATERA Y beber, si usted gusta.

ALCALDE Pase usted, buen hombre y tome lo que quiera, que yo pago. (A los vecinos): Y vosotros, qué ¿hacéis ahí?

VECINA ROJA Como estamos en lo ancho de la calle no creo que le estorbemos.

(El Zapatero mirándolo todo con disimulo deja el rollo sobre la mesa.)

ZAPATERO Déjelos, señor Alcalde ..., supongo que es usted, que con ellos me gano la vida.

NIÑO Dónde he oído yo hablar a este hombre? (En toda la escena el Niño mirará con gran extrañeza al Zapatero.) ¡Haz ya los títeres! (Los vecinos ríen.)

ZAPATERO En cuanto tome un vaso de vino.

ZAPATERA (alegre) ¿Pero los va usted a hacer en mi casa?

ZAPATERO Si tú me lo permites.

VECINA ROJA Entonces, ¿podemos pasar?

ZAPATERA (seria) Podéis pasar. (Da un vaso al Zapatero.)

VECINA ROJA (sentándose) Disfrutaremos un poquito. (El Alcalde se sienta.)

ALCALDE ¿Viene de muy lejos?

ZAPATERO De muy lejísimos.

ALCALDE ¿De Sevilla?

ZAPATERO Échele usted leguas.

ALCALDE ¿De Francia.?

ZAPATERO Échele usted leguas.

ALCALDE ¿De Inglaterra?


ZAPATERO De las Islas Filipinas.

(Las vecinas hacen rumores de admiración. La Zapatera está extasiada.)

ALCALDE ¿Habrá usted visto a los insurrectos?

ZAPATERO Lo mismo que les estoy viendo a ustedes ahora.

NIÑO ¿Y cómo son?

ZAPATERO Intratables. Figúrense ustedes que casi todos ellos son zapateros. (Los vecinos miran a la Zapatera.)

ZAPATERA (quemada) ¿Y no los hay de otros oficios?

ZAPATERO Absolutamente. En las Islas Filipinas, zapateros.

ZAPATERA Pues puede que en las Filipinas esos zapateros sean tontos, que aquí en estas tierras los hay listos y muy listos.

VECINA ROJA (adulona) Muy bien hablado.

ZAPATERA (brusca) Nadie le ha preguntado su parecer.

VECINA ROJA ¡Hija mía!

ZAPATERO (enérgico, interrumpiendo) ¡Qué rico vino! (Más fuerte.) ¡Qué requeterrico vino! (Silencio.) Vino de uvas negras como el alma de algunas mujeres que yo conozco.

ZAPATERA ¡De las que la tengan!

ALCALDE ¡Chis! ¿Y en qué consiste el trabajo de usted?

ZAPATERO (Apura el vaso, chasca la lengua y mira a la Zapatera) ¡Ah! Es un trabajo de poca apariencia y de mucha ciencia. Enseñó la vida por dentro. Aleluyas con los hechos del zapatero mansurrón y la Fierabrás de Alejandría, vida de don Diego Corrientes, aventuras del guapo Francisco Esteban y, sobre todo, arte de colocar el bocado a las mujeres parlanchinas y respondonas.

ZAPATERA Todas esas cosas las sabía mi pobrecito marido

ZAPATERO ¡Dios lo haya perdonado!

ZAPATERA Oiga usted ... (Las vecinas ríen.)

NIÑO ¡Cállate!

ALCALDE (autoritario) ¡A callar! Enseñanzas son ésas que convienen todas las criaturas. Cuando usted guste.

(El Zapatero desenrolla el cartelón en el que hay pintada una historia de ciego, dividida en pequeños cuadros pintados con almazarrón y colores violentos. Lo vecinos inician un movimiento de aproximación y la Zapatera se sienta al Niño sobre sus rodillas.)

ZAPATERO Atención.

NIÑO ¡Ay, qué precioso! (Abraza a la Zapatera, murmullos.)

ZAPATERA Que te fijes bien por si acaso no me entero del todo.

NIÑO Más difícil que la historia sagrada no será.

ZAPATERO Respetable público: Oigan ustedes el romance, verdadero y substancioso de la mujer rubicunda y el hombrecito de la paciencia, para que sirva de escarmiento y ejemplaridad a todas las gentes de este mundo. (En tono lúgubre). Aguzad vuestros oídos y entendimiento.

(Los vecinos alargan la cabeza y algunas mujeres se agarran de las manos.)

NIÑO ¿No te parece el titiritero, hablando, a tu marido?

ZAPATERA Él tenía la voz más dulce.

ZAPATERO ¿Estamos?

ZAPATERA Me sube así un repeluzno.

NIÑO ¡Y a mí también!

ZAPATERO (señalando con la varilla)

En un cortijo de Córdoba
entre jarales y adelfas,
vivía un talabartero
con una talabartera.

(Expectación.)

Ella era mujer arisca,
él, hombre de gran paciencia,
ella giraba en los veinte
y el pasaba de cincuenta.
Santo Dios, cómo reñían!
Miren ustedes la fiera,
burlando al débil marido
con los ojos y la lengua.

(Está pintada en el cartel una mujer que mira de manera infantil y cansina.)

ZAPATERA ¡Qué mala mujer! (Murmullos.)

ZAPATERO

Cabellos de emperadora
tiene la talabartera,
y una carne como el agua
cristalina de Lucena.
Cuando movía las faldas
en tiempo de primavera
olía toda su ropa
a limón y a yerbabuena.
Ay, qué limón, limón
de la limonera!
Qué apetitosa
talabartera!

(Los vecinos ríen.)

Ved cómo la cortejaban
mocitos de gran presencia
en caballos relucientes
llenos de borlas de seda.
Gente cabal y garbosa
que pasaba por la puerta
haciendo brillar, alegre,
las onzas de sus cadenas.
La conversación a todos
daba la talabartera,
y ellos caracoleaban
sus jacas sobre las piedras.
Miradla hablando con uno
bien peinada y bien compuesta,
mientras el pobre marido
clava en el cuero la lezna.

(Muy dramático y cruzando las manos.)

Esposo viejo y decente
casado con joven tierna,
qué tunante caballista
roba tu amor en la puerta.


(La Zapatera, que ha estado dando suspiros, rompe a llorar.)

ZAPATERO (volviéndose) ¿Qué os pasa?

ALCALDE ¡Pero, niña! (Da con la vara.)

VECINA ROJA ¡Siempre llora quien tiene por qué callar!

VECINA MORADA ¡Siga usted!

(Los vecinos murmuran y sisean)

ZAPATERA Es que me da mucha lástima y no puedo contenerme, ¿lo ve usted?, no puedo contenerme.

(Llora queriéndose contener, hipando de manera comiquísima)

ALCALDE ¡Chitón!

NIÑO ¿Lo ves?

ZAPATERO ¡Hagan el favor de no interrumpirme! ¡Cómo se conoce que no tienen que decirlo de memoria!

NIÑO (suspirando) ¡Es verdad!

ZAPATERO (malhumorado)

Un lunes por la mañana
a eso de las once y media,
cuando el sol deja sin sombra
los juncos y madreselvas,
cuando alegremente
bailan brisa y tomillo en la sierra
y van cayendo las verdes
hojas de las madroñeras,
regaba sus alhelíes
la arisca talabartera.
Llegó su amigo trotando
una jaca cordobesa
y le dijo entre suspiros:
Niña, si tú lo quisieras,
cenaríamos mañana
los dos solos, en tu mesa.
¿Y qué harás de mi marido?
Tu marido no se entera.
¿Qué piensas hacer? Matarlo.
Es ágil. Quizá no puedas.
¿Tienes revólver? Mejor!
¡Tengo navaja barbera!
Corta mucho? Más que el frío.

(La Zapatera se tapa los ojos y aprieta al Niño. Todos los vecinos tienen una expectación máxima que se notará en sus expresiones.)

Y no tiene ni una mella.
¿No has mentido? Le daré
diez puñaladas certeras
en esta disposición,
que me parece estupenda:
cuatro en la región lumbar,
una en la tetilla izquierda,
otra en semejante sitio
y dos en cada cadera.
¿Lo matarás en seguida?
Esta noche cuando vuelva
con el cuero y con las crines
por la curva de la acequia.

(En este último verso y con toda rapidez se oye fuera del escenario un grito angustiado y fortísimo; los vecinos se levantan. Otro grito más cerca. Al Zapatero se le cae de las manos el telón y la varilla. Tiemblan todos cómicamente.)

VECINA NEGRA (en la ventana) ¡Ya han sacado las navajas!

ZAPATERA ¡Ay, Dios mío!

VECINA ROJA ¡Virgen Santísima!

ZAPATERO ¡Qué escándalo!

VECINA NEGRA ¡Se están matando! ¡Se están cosiendo a puñaladas por culpa de esa mujer! (Señala a la Zapatera.)

ALCALDE (nervioso) ¡Vamos a ver!

NIÑO ¡Que me da mucho miedo!

VECINA VERDE ¡Acudir, acudir! (Van saliendo.)

VOZ (fuera) ¡Por esa mala mujer!

ZAPATERO ¡Yo no puedo tolerar esto; no lo puedo tolerar!

(Con las manos en la cabeza corre la escena. Van saliendo rapidísimamente todos entre ayes y miradas de odio a la Zapatera. Ésta cierra rápidamente la ventana y la puerta.)

ZAPATERA ¿Ha visto usted qué infamia? Yo le juro por la preciosísima sangre de nuestro padre Jesús, que soy inocente. ¡Ay! ¿Qué habrá pasado ... ? Mi mire usted cómo tiemblo. (Le enseña las manos). Parece que las manos se me quieren escapar ellas solas.

ZAPATERO Calma, muchacha. ¿Es que su marido está la calle?

ZAPATERA (rompiendo a llorar) ¿Mi marido? ¡Ay, señor mío!

ZAPATERO ¿Qué le pasa?

ZAPATERA Mi marido me dejó por culpa de las gentes y ahora me encuentro sola sin calor de nadie.

ZAPATERO ¡Pobrecilla!

ZAPATERA ¡Con lo que yo lo quería! ¡Lo adoraba!

ZAPATERO (con un arranque) ¡Eso no es verdad!

ZAPATERA (dejando rápidamente de llorar) ¿Qué está usted diciendo?

ZAPATERO Digo que es una cosa tan... incomprensible que... parece que no es verdad. (Turbado.)

ZAPATERA Tiene usted mucha razón, pero yo desde entonces no como, ni duermo, ni vivo; porque él era mi alegría, mi defensa.

ZAPATERO Y queriéndolo tanto como lo quería, ¿la abandonó? Por lo que veo su marido de usted era hombre de pocas luces.

ZAPATERA Haga el favor de guardar la lengua en el bolsillo. Nadie le ha dado permiso para que dé su opinión.

ZAPATERO Usted perdone, no he querido ...

ZAPATERA Digo ... Cuando era más listo ...

ZAPATERO (con guasa) ¿Síiii?

ZAPATERA (enérgica) Sí. ¿Ve usted todos esos romances y chupaletrinas que canta y cuenta por los pueblos? ¡Pues todo eso es un ochavo comparado con lo que sabía ... Él sabía ... el triple!

ZAPATERO (serio) No puede ser.

ZAPATERA (enérgica) Y el cuádruple... Me los decía todos a mí cuando nos acostábamos. Historietas antiguas que usted habrá oído mentar siquiera ... (Gachona.) y a mí me daba un susto... pero él me decía: "preciosa de mi alma, si esto ocurre de mentirijillas!".

ZAPATERO (indignado) ¡Mentira!

ZAPATERA (extrañadísima) ¿Eh? ¿Se le ha vuelto el juicio?

ZAPATERO ¡Mentira!

ZAPATERA (indignada) Pero, ¿qué es lo que está usted diciendo, titiritero del demonio?

ZAPATERO (fuerte y de pie) Que tenía mucha razón su marido de usted. Esas historietas son pura mentira, fantasía nada más. (Agrio.)

ZAPATERA (agria) Naturalmente, señor mío. Parece que me toma por tonta de capirote... pero no me negará usted que dichas historietas impresionan.

ZAPATERO ¡Ah, eso ya es harina de otro costal! Impresiona a las almas impresionables.

ZAPATERA Todo el mundo tiene sentimientos.

ZAPATERO Según se mire. He conocido mucha gente sin sentimiento. Y en mi pueblo vivía una mujer... en cierta época, que tenía el suficiente mal corazón para hablar con sus amigos por la ventana mientras el marido hacía botas y zapatos de la mañana a la noche.

ZAPATERA (levantándose y cogiendo una silla) ¿Eso lo dice por mí?

ZAPATERO ¿Cómo?

ZAPATERA Que si va con segunda, ¡dígalo! ¡Sea valiente!

ZAPATERO (humilde) Señorita, ¿qué está usted diciendo? ¿Qué sé yo quién es usted? Yo no la he ofendido en nada; ¿por qué me falta de esa manera? ¡Pero es mi sino! (Casi lloroso.)

ZAPATERA (enérgica, pero conmovida) Mire usted, buen hombre. Yo he hablado así porque estoy sobre ascuas; todo el mundo me asedia, todo el mundo me critica; cómo quiere que no esté acechando la ocasión más pequeña para defenderme? Si estoy sola, si soy joven y vivo ya sólo de mis recuerdos ... (Llora.)

ZAPATERO (lloroso) Ya comprendo, preciosa joven. Yo comprendo mucho más de lo que pueda imaginarse, porque... ha de saber usted con toda clase de reservas que su situación es ... sí, no cabe duda, idéntica a la mía.

ZAPATERA (intrigada) ¿Es posible?

ZAPATERO (se deja caer sobre la mesa) ¡A mí ... me abandonó mi esposa!

ZAPATERA ¡No pagaba con la muerte!

ZAPATERO Ella soñaba con un mundo que no era el mío, era fantasiosa y dominanta, gustaba demasiado de la conversación y las golosinas que yo no podía costearle, y un día tormentoso de viento huracanado me abandonó para siempre.

ZAPATERA ¿Y qué hace usted ahora, corriendo mundo?

ZAPATERO Voy en su busca para perdonarla y vivir con ella lo poco que me queda de vida. A mi edad ya se está malamente por esas posadas de Dios.

ZAPATERA (rápida) Tome un poquito de café caliente que después de toda esta tracamandana le servirá de salud.

(Va al mostrador a echar café y vuelve la espalda al Zapatero.)

ZAPATERO (persignándose exageradamente y abriendo los ojos) Dios te lo premie, clavellinita encarnada.

ZAPATERA (le ofrece la taza. Se queda con el plato en las manos y él bebe a sorbos) ¿Está bueno?

ZAPATERO (meloso) ¡Como hecho por sus manos!

ZAPATERA (Sonriente) ¡Muchas gracias!

ZAPATERO (en el último trago) ¡Ay, qué envidia me da su marido!

ZAPATERA ¿Por qué?

ZAPATERO (galante) ¡Porque se pudo casar con la mujer más preciosa de la tierra!

ZAPATERA (derretida) ¡Qué cosas tiene!

ZAPATERO Y ahora casi me alegro de tenerme que marchar, porque usted sola, yo solo, usted tan guapa y yo con mi lengua en su sitio, me parece que se escaparía cierta insinuación...

ZAPATERA (reaccionando) ¡Por Dios, quite de ahí! ¿Qué se figura? Yo guardo mi corazón entero para el que está por esos mundos, para quien debo, ¡para mi marido!

ZAPATERO (contentísimo y tirando el sombrero al suelo) ¡Eso está pero que muy bien! ¡Así son las mujeres verdaderas, así!

ZAPATERA (un poco guasona y sorprendida) Me parece a mí que usted está un poco... (Se lleva el dedo a la sien.)

ZAPATERO Lo que usted quiera. ¡Pero sepa y entienda que yo no estoy enamorado de nadie más que de mi mujer, mi esposa de legítimo matrimonio!

ZAPATERA Y yo de mi marido y de nadie más que de mi marido. Cuántas veces lo he dicho para que lo oyeran hasta los sordos. (Con las manos cruzadas.) ¡Ay, qué zapaterillo de mí alma!

ZAPATERO (aparte) ¡Ay, qué zapaterita de mi corazón!

(Golpes en la puerta.)

ZAPATERA ¡Jesús! Está una en un continuo sobresalto. ¿Quién es?

NIÑO ¡Abre!

ZAPATERA ¿Pero es posible? ¿Cómo has venido?

NIÑO ¡Ay, vengo corriendo para decírtelo!

ZAPATERA ¿Qué ha pasado?

NIÑO Se han hecho heridas con las navajas dos o tres mozos y te echan a ti la culpa. Heridas que echan mucha sangre. Todas las mujeres han ido a ver al juez para que te vayas del pueblo, ay! Y los hombres querían que el sacristán tocara las campanas para cantar tus coplas... (El Niño está jadeante y sudoroso.)

ZAPATERA (al Zapatero) ¿Lo está usted viendo?

NIÑO Toda la plaza está llena de corrillos ... Parece la feria ... y todos contra ti!

ZAPATERO ¡Canallas! Intenciones me dan de salir a defenderla.

ZAPATERA ¿Para qué? ¡Lo meterán en la cárcel. Yo soy la que va a tener que hacer algo gordo.

NIÑO Desde la ventana de tu cuarto puedes ver el jaleo de la plaza.

ZAPATERA (rápida) Vamos, quiero cerciorarme de la maldad de las gentes. (Mutis rápido.)

ZAPATERO Sí, sí, canallas ... pero pronto ajustaré cuentas con todos y me las pagarán... ¡Ah, casilla mía, qué calor más agradable sale por tus puertas y ventanas!, ay, qué terribles paradores, qué malas comidas, qué sábanas de lienzo moreno por esos caminos del mundo! ¡Y qué disparate no sospechar que mi mujer era de oro puro, del mejor oro de la tierra! ¡Casi me dan ganas de llorar!

VECINA ROJA (entrando rápida) Buen hombre.

VECINA AMARILLA (rápida) Buen hombre.

VECINA ROJA Salga en seguida de esta casa. Usted es persona decente y no debe estar aquí.

VECINA AMARILLA Ésta es la casa de una leona, de una hiena.

VECINA ROJA De una mal nacida, desengaño de los hombres.

VECINA AMARILLA Pero o se va del pueblo o la echamos. Nos trae locas.

VECINA ROJA Muerta la quisiera ver.

VECINA AMARILLA Amortajada, con su ramo en el pecho.

ZAPATERO (angustiado) ¡Basta!

VECINA ROJA Ha corrido la sangre.

VECINA AMARILLA No quedan pañuelos blancos.

VECINA ROJA Dos hombres como dos soles.

VECINA AMARILLA Con las navajas clavadas.

ZAPATERO (fuerte) ¡Basta ya!

VECINA ROJA Por culpa de ella.

VECINA AMARILLA Ella, ella y ella.

VECINA ROJA Miramos por usted.

VECINA AMARILLA ¡Le avisamos con tiempo!

ZAPATERO Grandísimas embusteras, mentirosas mal nacidas. Os voy a arrastrar del pelo.

VECINA ROJA (a la otra) ¡También lo ha conquistado!

VECINA AMARILLA ¡A fuerza de besos habrá sido!

ZAPATERO ¡Así os lleve el demonio! ¡Basiliscos, perjuras!

VECINA NEGRA (en la ventana) ¡Comadre, corra usted!

(Sale corriendo. Las dos vecinas hacen lo mismo.)

VECINA ROJA Otro en el garlito.

VECINA AMARILLA ¡Otro!

ZAPATERO ¡Sayonas, judías! ¡Os pondré navajillas barberas en los zapatos! Me vais a soñar.

NIÑO (entra rápido) Ahora entraba un grupo de hombres en casa del Alcalde. Voy a ver lo que dicen. (Sale corriendo)

ZAPATERA (valiente) Pues aquí estoy, si se atreven a venir. Y con serenidad de familia de caballistas que ha cruzado muchas veces la sierra, sin jamugas, a pelo sobre los caballos.

ZAPATERO ¿Y no flaqueará algún día su fortaleza?

ZAPATERA Nunca se rinde la que, como yo, está sostenida por el amor y la honradez. Soy capaz de seguir así hasta que se vuelva cana toda mi mata de pelo.

ZAPATERO (conmovido, avanza hacia ella) ¡Ay...!

ZAPATERA ¿Qué le pasa?

ZAPATERO Me emociono

ZAPATERA Mire usted, tengo todo el pueblo encima, quieren venir a matarme, y sin embargo no tengo ningún miedo. La navaja se contesta con la navaja y palo con el palo, pero cuando de noche cierro esa puerta y me voy sola a mi cama ... me da una pena ... qué pena! Y paso unas sofocaciones!... Que cruje la cómoda: un susto! Que suenan con el aguacero los cristales del ventanillo, otro susto! Que yo sola meneo sin querer las perinolas de la cama, susto doble! Y todo esto no es más que el miedo a la soledad donde están los fantasmas, que yo no he visto porque no los he querido ver, pero que vieron mi madre y mi abuela y todas las mujeres de mi familia que han tenido ojos en la cara.

ZAPATERO ¿Y por qué no cambia de vida?

ZAPATERA ¿Pero usted está en su juicio? ¿Qué voy a hacer? ¿Dónde voy así? Aquí estoy y Dios dirá.

(Fuera y muy lejanos se oyen murmullos y aplausos.)

ZAPATERO Yo lo siento mucho, pero tengo que emprender mi camino antes que la noche se me eche encima. ¿Cuánto debo? (Coge el cartelón.)

ZAPATERA Nada.

ZAPATERO No transijo.

ZAPATERA Lo comido por lo servido.

ZAPATERO Muchas gracias. (Triste se carga el cartelón.) Entonces, adiós... para toda la vida, porque a mi edad... (Está conmovido.)

ZAPATERA (reaccionando) Yo no quisiera despedirme así. Yo soy mucho más alegre. (En voz clara.) Buen hombre, Dios quiera que encuentre usted a su mujer, para que vuelva a vivir con el cuidado y la decencia a que estaba acostumbrado. (Está conmovida.)

ZAPATERO Igualmente le digo de su esposo. Pero usted ya sabe que el mundo es reducido. ¿Qué quiere que le diga si por casualidad me lo encuentro en mis caminatas?

ZAPATERA Dígale usted que lo adoro.

ZAPATERO (acercándose) ¿Y qué más?

ZAPATERA Que a pesar de sus cincuenta y tantos años, benditísimos cincuenta años, me resulta más juncal y torerillo que todos los hombres del mundo.

ZAPATERO Niña, ¡qué primor! ¡Le quiere usted tanto como yo a mi mujer!

ZAPATERA ¡Muchísimo más!

ZAPATERO No es posible. ¡Yo soy como un perrillo y mi mujer manda en el castillo, pero que mande! Tiene mas sentimiento que yo. (Está cerca de ella y como adorándola.)

ZAPATERA Y no se olvide de decirle que lo espero, que el invierno tiene las noches largas.

ZAPATERO Entonces, ¿lo recibiría usted bien?

ZAPATERA Como si fuera el rey y la reina juntos.

ZAPATERO (temblando) ¿Y si por casualidad llegara ahora mismo?

ZAPATERA ¡Me volvería loca de alegría!

ZAPATERO ¿Le perdonaría su locura?

ZAPATERA ¡Cuánto tiempo hace que se la perdoné!

ZAPATERO ¿Quiere usted que llegue ahora mismo?

ZAPATERA ¡Ay, si viniera!

ZAPATERO (gritando) ¡Pues aquí está!

ZAPATERA ¿Qué está usted diciendo?

ZAPATERO (quitándose, las gafas y el disfraz) ¡Que ya no puedo más! Zapatera de mi corazón.

(La Zapatera está como loca, con los brazos separados del cuerpo. El Zapatero abraza a la Zapatera y ésta lo mira fijamente en medio de su crisis. Fuera se oye claramente un run-run de coplas.)

VOZ (dentro) La señora Zapatera, al marcharse su marido, ha montado una taberna, donde acude el señorío.

ZAPATERA (reaccionando) ¡Pillo, granuja, tunante, canalla! ¿Lo oyes? ¡Por tu culpa! (Tira las sillas.)

ZAPATERO (emocionado dirigiéndose al banquillo.) ¡Mujer de mi corazón!

ZAPATERA ¡Corremundos! ¡Ay, cómo me alegro de que hayas venido! ¡Qué vida te voy a dar! Ni la inquisición! ¡Ni los templarios de Roma!

ZAPATERO (en el barquillo) ¡Casa de mi felicidad!

(Las coplas se oyen cerquísima, los vecinos aparecen en la ventana.)

VOCES (dentro)

Quien te compra, Zapatera,
el paño de tus vestidos
y esas chambras de batista
con encaje de bolillos.
Ya la corteja el Alcalde,
ya la corteja don Mirlo.
Zapatera, Zapatera,
Zapatera, ¡te has lucido!

ZAPATERA ¡Qué desgraciada soy! ¡Con este hombre que Dios me ha dado! (Yendo a la puerta.) ¡Callarse, largos de lengua, judíos colorados! Y venid, venid ahora si queréis. Ya somos dos a defender mi casa, ¡dos! ¡dos! yo y mi marido. (Dirigiéndose al marido.) ¡Con este pillo, con este granuja!

(El ruido de las coplas llena la escena. Una campana rompe a tocar lejana y furiosamente.)



TELÓN

 

 

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desa

 

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