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federico

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lorca11

 

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Primeras canciones
(1922)

Índice

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REMANSOS
REMANSILLO
VARIACIÓN
REMANSO, CANCIÓN FINAL
MEDIA LUNA
CUATRO BALADAS AMARILLAS
PALIMPSESTOS
ADAN
CLARO RELOJ
CAUTIVA
CANCIÓN











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Remansos

Cipreses.
(Agua estancada)

Chopo.
(Agua cristalina)

Mimbre.
(Agua profunda)

Corazón.
(Agua de pupila)

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Remansillo

Me miré en tus ojos
pensando en tu alma.

Adelfa blanca.

Me miré en tus ojos
pensando en tu boca.

Adelfa roja.

Me miré en tus ojos.
¡Pero estabas muerta!

Adelfa negra.

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Variación

El remanso del aire
bajo la rama del eco.

El remanso del agua
bajo fronda de luceros.

El remanso de tu boca
bajo espesura de besos.

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Remanso, canción final

Ya viene la noche.

Golpean rayos de luna
sobre el yunque de la tarde.

YA viene la noche.

Un árbol grande se abriga
con palabras de cantares.

Ya viene la noche.

Si tú vinieras a verme
por los senderos del aire.

Ya viene la noche.

Me encontrarías llorando
bajo los álamos grandes.
     ¡Ay morena!
Bajo los álamos grandes.

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Media luna

La luna va por el agua.
¡Cómo está el cielo tranquilo!
Va segando lentamente
el temblor viejo del río
mientras que una rama joven
la toma por espejito.

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Cuatro baladas amarillas

I
En lo alto de aquel monte
un arbolito verde.

Pastor que vas,
pastor que vienes.


Olivares soñolientos
bajan al llano caliente.

Pastor que vas,
pastor que vienes.


Ni ovejas blancas ni perro
ni cayado ni amor tienes.

Pastor que vas.

Como una sombra de oro,
en el trigal te disuelves.

Pastor que vienes.

II
La tierra estaba
amarilla.

Orillo, orillo,
pastorcillo.


Ni luna blanca
ni estrella lucían.

Orillo, orillo,
pastorcillo.


Vendimiadora morena
corta el llanto de la viña.

Orillo, orillo,
pastorcillo.


III
Dos bueyes rojos
en el campo de oro.


Los bueyes tienen ritmo
de campanas antiguas
y ojos de pájaro.
Son para las mañanas
de niebla, y sin embargo
horadan la naranja
del aire, en el verano.
Viejos desde que nacen
no tienen amo
y recuerdan las alas
de sus costados.
Los bueyes
siempre van suspirando
por los campos de Ruth
en busca del vado,
del eterno vado,
borrachos de luceros
a rumiarse sus llantos.

Dos bueyes rojos
en el campo de oro.


IV
Sobre el cielo
de las margaritas ando.


Yo la imagino esta tarde
que soy santo.

Me pusieron la luna
en las manos.
Yo la puse otra vez
en los espacios
y el Señor me premió
con la rosa y el halo.

Sobre el cielo
de las margaritas ando.


Y ahora voy
por este campo
a librar a las niñas
de galanes malos
y dar monedas de oro
a todos los muchachos.

Sobre el cielo
de las margaritas ando.

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Palimpsestos

A José Moren Villa

I
Ciudad

El bosque centenario
penetra en la ciudad,
pero el bosque está dentro
del mar.

Hay flechas en el aire
y guerreros que van
perdidos entre ramas
de coral.

Sobre las casas nuevas
se mueve un encinar
y tiene el cielo enormes
curvas de cristal.

II
Corredor

Por los altos corredores
se pasean dos señores.

(Cielo
nuevo.
¡Cielo
azul!)

...se pasean dos señores
que antes fueron blancos monjes.

(Cielo
medio.
¡Cielo
morado!)

...se pasean dos señores
que antes fueron cazadores.

(Cielo
viejo.
¡Cielo
de oro!)

...se pasean dos señores
que antes fueron..,
Noche.

III
Primera página

A Isabel Clara, mi ahijada.

Fuente clara.
Cielo claro.

¡Oh, cómo se agrandan
los pájaros!

Cielo claro.
Fuente clara.

¡Oh, cómo relumbran
las naranjas!

Fuente,
Cielo.

¡Oh, cómo el trigo
es tierno!

Cielo.
Fuente.

¡Oh, cómo el trigo
es verde!

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Adán

Árbol de sangre moja la mañana
por donde gime la recién parida.
Su voz deja cristales en la herida
y un gráfico de hueso en la ventana.

Mientras la luz que viene fija y gana
blancas metas de fábula que olvida
el tumulto de venas en la huida
hacia el turbio frescor de la manzana.

Adán sueña en la fiebre de la arcilla
un niño que se acerca galopando
por el doble latir de su mejilla.

Pero otro Adan oscuro esta soñando
neutra luna de piedra sin semilla
donde el niño de luz se irá quemando

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Claro del reloj

Me senté
en un claro del tiempo.
Era un remanso
de silencio,
de un blanco silencio,
anillo formidable
donde los luceros
chocaban con los doce flotantes
números negros.

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Cautiva

Por las ramas
indecisas
iba una doncella
que era la vida.
Por las ramas
indecisas.
Con un espejito
reflejaba el día
que era un resplandor
de su frente limpia.
Por las ramas
indecisas.
Sobre las tinieblas
andaba perdida,
llorando rocío,
del tiempo cautiva.
Por las ramas
indecisas.

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Canción

Por las ramas del laurel
van dos palomas oscuras.
La una era el sol.
la otra la luna.
Vecinitas, les dije,
¿dónde está mi sepultura?
En mi cola, dijo el sol.
En mi garganta, dijo la luna.
Y yo que estaba caminando
con la tierra a la cintura
vi dos águilas de mármol
y una muchacha desnuda.
La una era la otra
y la muchacha era ninguna.
Aguilitas, les dije,
¿dónde está mi sepultura?
En mi cola, dijo el sol.
En mi garganta, dijo la luna.
Por las ramas del cerezo
vi dos palomas desnudas,
la una era la otra
y las dos eran ninguna.

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